Caldera del Rey refleja la transformación social y agrícola del sur de Adeje
Caldera del Rey muestra en Adeje la convivencia entre agricultura, desarrollo turístico, diversidad migratoria y dificultades de vivienda.
Caldera del Rey, a menos de un kilómetro de la rotonda junto a la comisaría de la Policía Nacional de Las Américas, muestra en Adeje la convivencia entre el desarrollo turístico y comercial del litoral y las explotaciones agrícolas que sobreviven en las zonas altas, junto al Roque del Conde.
El caserío ligado a una finca de plataneras reúne a trabajadores y familias de distintos orígenes. Robert llegó de Polonia hace unos 15 años; Alexandro se trasladó desde Rumanía en 2005 y continúa trabajando en la finca; y Luis Alberto Ponce Lenis, colombiano de Cali, lleva alrededor de 25 años en Tenerife y unos 15 o 16 en Caldera del Rey.
La finca sigue siendo el hilo común de muchas de estas historias. Las viviendas forman parte del acuerdo laboral y sus residentes no pagan alquiler por ocuparlas, una opción especialmente relevante en una zona donde encontrar casa resulta complicado. Sin embargo, las nuevas generaciones buscan independizarse: Daniel, hijo de Alexandro, y su pareja, Yaiza, esperan un hijo para enero y tratan de encontrar una vivienda propia.
El núcleo también ha cambiado con el paso del tiempo. Alexandro recuerda que antes vivían allí más de veinte familias rumanas, mientras que ahora, según su hijo, llegan sobre todo personas procedentes de Cuba y Venezuela. Daniel recuerda además un caserío con muchos menores; actualmente, los niños son menos numerosos y algunos estudian fuera, como en Los Cristianos.
Entre sus vecinos también está Fabio Samuel Alonso Jiménez, cubano de 17 años que lleva poco tiempo en el lugar, y la familia de Luis, cuya nieta Valentina estudia en Los Cristianos. El colombiano aprendió en Tenerife el oficio de podador de palmeras y, a sus 67 años, encara una jubilación cercana tras dos décadas de trabajo.
El reportaje de El Día presenta Caldera del Rey como un observatorio de los cambios económicos y sociales del sur de Tenerife: la agricultura mantiene su actividad y proporciona empleo y alojamiento, mientras las familias afrontan la dificultad de acceder a una vivienda y la renovación generacional.
Información elaborada a partir de El Día.