La Sal de Añana, una tradición alavesa con 220 millones de años de historia
La Sal de Añana combina un origen geológico de 220 millones de años con una producción artesanal y varias presentaciones.
La Sal de Añana destaca como uno de los referentes de calidad en la producción de sal, gracias a un método natural basado en técnicas tradicionales y a un origen geológico de unos 220 millones de años. El producto alavés es considerado por cocineros y expertos como una de las mejores sales del mundo.
La sal común, formada por cloruro sódico, aporta sodio, un nutriente esencial que ayuda a mantener el equilibrio de los líquidos corporales y participa en la transmisión de los impulsos nerviosos, la contracción muscular y el funcionamiento celular. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman 2.000 miligramos diarios de sodio, equivalentes a menos de 5 gramos de sal al día, aproximadamente una cucharadita.
Además de potenciar el sabor, la sal se ha utilizado durante siglos para conservar carnes, pescados y otros alimentos mediante salazones, curados y encurtidos. También resulta esencial en elaboraciones como el pan, los quesos, los embutidos y las conservas.
El origen de la Sal de Añana está en un fenómeno geológico conocido como diapiro. El agua de lluvia atraviesa las capas de roca y sal del subsuelo y vuelve a la superficie en forma de manantiales de agua salada. Después se suceden el llenado de las eras, la cristalización, el riego, la recogida, el almacenaje y el envasado.
La producción de Añana ofrece distintas variedades, entre ellas la Flor de Sal en escamas, la Sal Fina, los cristales de Sal de Manantial, la sal líquida y el Chuzo de Sal, una fina estalactita de gran pureza. El cocinero donostiarra Martin Berasategui la ha definido como “el Rolls Royce de las sales del mundo”, mientras que el alavés Diego Guerrero sostiene que “se defiende por sí misma”.
Información elaborada a partir de Diario de Noticias de Álava.