Un eibartarra relata años de dificultades y avances para convivir con la tartamudez
Un eibartarra de 58 años comparte su experiencia con la tartamudez y reivindica la atención temprana y la combinación de terapia.
Juan Carlos, un eibartarra de 58 años, ha contado su experiencia con la tartamudez, un trastorno de la fluidez del habla que comenzó a manifestarse cuando tenía 3 años. Tras recibir recientemente un tratamiento, asegura que ha mejorado mucho, aunque explica que los efectos son puntuales y las dificultades reaparecen.
Con motivo del Día Internacional de la Tartamudez, que se celebra hoy, recuerda los años de inseguridades y sufrimiento que vivió en Eibar. Según los datos recogidos en el texto, este trastorno afecta en Euskadi al 5% de la población pediátrica y al 2% de la adulta; es más frecuente en hombres, que representan el 80% de los casos, frente al 20% de las mujeres.
Juan Carlos explica que durante su infancia recibió correcciones constantes en casa y que también sufrió insultos en la escuela. A los 12 años se vio tartamudear en un espejo y la experiencia le afectó profundamente. Un año después se marchó de Eibar sin avisar y fue localizado al día siguiente en Donostia.
La tartamudez influyó en su trayectoria académica y laboral. Dejó los estudios y trabajó como carnicero en el negocio familiar, aunque reconoce que se arrepiente de no haber estudiado. Hace dos años se trasladó a Donostia para trabajar en la ONCE, entidad a la que está muy agradecido, y acaba de comenzar el Bachillerato.
También recuerda un episodio especialmente doloroso, cuando un compañero le gritó «carnicero tartaja» en una sala de juegos. Ahora reivindica que las personas tartamudas sean escuchadas por lo que dicen y no por la forma en que hablan. Además, defiende la atención temprana y recomienda combinar logopedia y psicología, porque aunque en la edad adulta es difícil que la tartamudez desaparezca por completo, sí puede mejorar.
Información elaborada a partir de El Diario Vasco.