La niebla y el terreno mojado marcan el último encierro de Mojados
Mojados despide sus fiestas con un encierro campero marcado por la niebla, el terreno mojado y la dispersión de los cuatro toros.
Mojados despidió sus fiestas con un encierro campero condicionado por la niebla y la tormenta de la noche anterior. El campo amaneció cubierto por una fina bruma y con el terreno completamente húmedo, lo que aumentó la dificultad para jinetes y reses.
La aparición de los caballos y los toros entre la niebla ofreció una imagen poco habitual. Los cuatro astados avanzaron sueltos y tomaron direcciones distintas, multiplicando las carreras por el campo.
Los caballistas tuvieron que emplearse a fondo sobre un suelo resbaladizo para evitar que alguno de los toros quedara rezagado y conducirlos, uno a uno, hasta las calles del municipio.
Uno de los toros permaneció alrededor de una hora en la explanada situada junto a la entrada de una calle. Allí, según el relato, Álvaro Redondo protagonizó una destacada actuación al realizar tres quiebros en el centro del campo.
El astado comenzó con mucho empuje, aunque después se mostró más reservado y solo realizó un nuevo arreón antes de entrar finalmente en las calles de Mojados.
Información elaborada a partir de El Norte de Castilla.