Los viajeros del AVE Barcelona-Madrid aguantan los retrasos de Ouigo entre la rabia y la resignación
Retrasos de más de dos horas en el AVE Barcelona-Madrid de Ouigo, tras los accidentes de Urda y Adamuz. Así lo viven los viajeros en Sants.
Los viajeros que esperaban en la estación de Barcelona-Sants el tren de alta velocidad de las 13 h a Madrid, operado por Ouigo, sufrieron el jueves un retraso de más de dos horas. A las 14.32 h, los paneles solo mostraban la palabra «DEMORAT/RETRASADO», sin más explicación. Franco, de 32 años, contó a EL PERIÓDICO que le habían llegado avisos por correo con un retraso estimado de dos horas, pero que en la pantalla no aparecía el nuevo horario.
En el punto de atención de Adif, el gestor de la infraestructura, Oriol, de 28 años, recibió como respuesta que no disponían de información sobre Ouigo. Esther, de 32 años y vecina de Vic, supo del retraso al llegar al control de acceso, donde le dijeron que debería haber recibido un correo y le atribuyeron el problema a una «avería técnica».
La escena se produce ocho días después del accidente de Urda (Toledo), en la línea Madrid-Sevilla, con 69 muertos, y tras el descarrilamiento de Adamuz (Córdoba) del 18 de enero, que causó 46 fallecidos. Ambas tragedias han llevado dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha admitido que la confianza en la alta velocidad está «quebrada». A ello se suman las huelgas de maquinistas convocadas por Semaf, que ya han obligado a cancelar trenes.
El corredor Barcelona-Madrid, el más transitado del país con 14,4 millones de viajeros en 2025 según la CNMC, perdió pasajeros por primera vez desde la liberalización: un 13% menos en el último trimestre de 2025 y un 17% menos en el primer trimestre de 2026. Carlos Cuerpo, que asumió de forma temporal las funciones de Transportes, descartó cerrar la línea durante las obras de renovación previstas a partir de 2027.
Los viajeros consultados asumen la situación con paciencia, resignación y rabia. Esther, que había pagado 92 euros por el ida y vuelta, dice que estará más pendiente de cómo fluye el viaje. Samantha, madrileña que volvía de un concierto de Melendi en el Palau Sant Jordi, plantea alternativas como el avión o el coche compartido, aunque reconoce que son más caros. Oriol, por su parte, critica que se haya invertido mucho en abrir líneas y poco en mantenerlas, y que la liberalización ferroviaria se hiciera «deprisa» y con trabajadores precarizados. Aun así, no piensa dejar el tren y pide invertir en su mejora.
Información elaborada a partir de Diario de Ibiza.