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Medio Ambiente

La microbiota revela cómo se recupera el suelo quemado en la Sierra de la Culebra

Un estudio analiza en la Sierra de la Culebra cómo las obras tras los incendios ayudan a recuperar la microbiota y el suelo.

Redacción · Zamora 2 min de lectura

Un estudio impulsado por la Junta de Castilla y León analiza cómo las obras de emergencia y restauración ayudan a recuperar la vida del suelo tras un incendio forestal. Una de las áreas examinadas se encuentra en la Sierra de la Culebra, afectada por grandes incendios, y los resultados muestran que las zonas intervenidas presentan una mayor diversidad de hongos y mantienen una elevada riqueza bacteriana.

El análisis confirma que estos microorganismos desempeñan funciones esenciales para la vegetación, ya que facilitan el acceso al agua y a los nutrientes y contribuyen al equilibrio biológico del terreno. Según el estudio, cuanto más diversa y equilibrada es la microbiota, mejores son las condiciones para recuperar la vegetación y mayores las posibilidades de éxito de las reforestaciones.

Las distintas actuaciones tienen efectos diferentes. El acolchado con paja y la trituración de madera quemada ayudan a controlar la erosión, aportan materia orgánica y favorecen la actividad de los microorganismos descomponedores. Las albarradas, además de retener suelo y humedad, pueden acumular sedimentos con una elevada diversidad de hongos procedentes de las zonas situadas aguas arriba.

El proyecto incorpora el análisis de lo que ocurre bajo el suelo como indicador complementario a la recuperación de la vegetación, el crecimiento de las plantas y el control de la erosión. De este modo, permite conocer la respuesta de cada zona a los tratamientos y decidir con mayor precisión dónde y cómo actuar.

Los trabajos se han desarrollado durante un año junto a IDForest, Zenit Ingeniería y Consultoría y Air Medio Ambiente en áreas afectadas por grandes incendios de la Sierra de la Culebra, la Sierra de la Paramera, Quintanilla del Coco y el Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, y la Sierra de Francia. Los resultados servirán para elaborar un manual de buenas prácticas que incluya la biodiversidad y la salud del suelo en la planificación y evaluación de las restauraciones.

El estudio también recoge en Burgos una experiencia piloto con microorganismos locales beneficiosos aplicados a nuevas plantaciones de encina y sabina albar. Los hongos micorrícicos, Trichoderma y determinadas bacterias ayudan a las plantas a acceder al agua y los nutrientes y a limitar el efecto de plagas y enfermedades. Al estar adaptados al suelo, el clima y la vegetación de cada zona, pueden contribuir a crear terrenos más equilibrados y bosques menos vulnerables.

Información elaborada a partir de La Opinión de Zamora.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de La Opinión de Zamora · Ver original

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