El malestar social crece en Europa entre la incertidumbre y la frustración
Las protestas en Francia reflejan un malestar europeo marcado por la carestía, la vivienda, la incertidumbre y el auge de los extremos.
Las manifestaciones celebradas el sábado en Francia reunieron a más de 700.000 personas y terminaron con violencia, saqueos en más de 3.000 comercios e incendios de edificios públicos, entre ellos el Ayuntamiento de Limoges. La protesta comenzó con estudiantes de secundaria y sumó el malestar por la carestía de la vida y el aumento de los carburantes.
El contexto francés combina la falta de mayoría parlamentaria del Gobierno, el bloqueo político hasta las elecciones presidenciales de mayo y unas cuentas públicas tensionadas. Francia registra un déficit del 5,4% y una deuda pública del 119%, mientras el bono a diez años ha pasado del 3,2% en febrero al 5%. En España, ese bono se sitúa en el 4% y el texto destaca un mayor crecimiento y creación de empleo.
El malestar no se limita a Francia. También se menciona la situación de Italia y de España, donde el difícil acceso a la vivienda alimenta la frustración y la desigualdad. En España, a diferencia de Francia e Italia, la violencia de las protestas ha sido hasta ahora mínima, aunque se citan las acampadas por el desahucio de Maricarmen y la huelga de profesores contra Isabel Díaz Ayuso.
La protesta juvenil actual se describe como más pesimista que la de Mayo del 68. Daniel Cohn-Bendit sostiene que entonces existía la convicción de que el mundo sería mejor y más justo, mientras que hoy pesan la crisis iniciada en 2008, la contención salarial, el cambio climático y la incertidumbre sobre la inteligencia artificial. Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física, calcula que existe más de un 1% de posibilidades de que esta tecnología destruya a la humanidad.
El análisis atribuye parte del auge de la extrema derecha y, en menor medida, de la extrema izquierda, a la incapacidad de los partidos tradicionales para responder a estos desafíos. El sociólogo francés Jérôme Fourquet resume la situación con la idea de que «nadie pilota el avión». El debate europeo también afecta a Aragón y a Zaragoza como capital, aunque el texto no aporta datos específicos sobre la ciudad.
Información elaborada a partir de El Periódico de Aragón.