Antonio Cervilla cierra la última relojería de Albuñol tras más de medio siglo de oficio
Antonio Cervilla, de 77 años, cierra la única relojería de Albuñol tras más de 60 años de oficio en la Calle Real. Un adiós al comercio tradicional.
Antonio Cervilla, relojero y joyero de Albuñol, está a punto de echar la persiana de su negocio en la Calle Real, la única relojería que ha tenido el municipio. El hombre, de 77 años y a punto de cumplir 78 el mes que viene, no oculta la pena que le produce dejar el taller en el que lleva toda la vida.
El negocio se remonta a 1960, cuando el padre de Antonio, vendedor ambulante de joyería y relojería, decidió instalarse en Albuñol con una tienda familiar. Antonio empezó en el oficio a los 18 años y, tras cumplir la mili, se quedó con la tienda cuando su madre había fallecido y su padre se marchó del pueblo.
Antonio aprendió de su padre la relojería tradicional y, con el paso del tiempo, se formó en cursillos de relojería suiza y japonesa que se impartían en la Diputación de Granada. Según calcula, por sus manos han pasado «millones y millones» de relojes de Albuñol y de localidades cercanas como La Rábita y El Pozuelo.
Entre las piezas que conserva en el taller destaca un reloj de pared antiguo procedente del colegio concertado Cristo Rey de Albuñol, con una reparación fechada en 1800. Según relata, la calle Real ha ido quedándose sin comercios a medida que sus dueños se jubilaban o fallecían y nadie les relevaba.
Antonio considera que el oficio se está extinguiendo: sus hijos se dedicaron a otros trabajos, los relojeros de su generación se jubilan sin relevo y la compra por internet y la llegada de relojes baratos de fuera han reducido el margen de los pequeños comercios. «Hemos pasado de ser una herramienta a ser un complemento», resume.
Información elaborada a partir de Ideal.