Acusa revela la evolución de los enterramientos indígenas de Gran Canaria
Las cuevas de Acusa, en Artenara, aportan claves sobre la evolución de los enterramientos indígenas de Gran Canaria.
Las cavidades funerarias de Acusa, en Artenara, forman parte de los principales enclaves que permiten conocer cómo enterraban a sus muertos los antiguos habitantes de Gran Canaria. Junto a Guayadeque y Barranco Hondo, estos espacios conservan huellas de unas prácticas que cambiaron con el tiempo y según los distintos poblamientos de la Isla.
Uno de los hallazgos más destacados se encuentra en Cruz de la Esquina, en Acusa Seca, a 990 metros de altitud. Los investigadores documentaron allí una cavidad excavada artificialmente que primero se utilizó para almacenar cereal y que, posteriormente, se convirtió en una sepultura colectiva entre los siglos VII y IX.
Las cuevas fueron los primeros lugares elegidos para los enterramientos, desde las primeras etapas del poblamiento, a partir del siglo II. En ellas se depositaban de forma colectiva hombres, mujeres y menores. Los cuerpos solían envolverse en pieles de animales, tendones, tiras de cuero o esterillas vegetales, y se colocaban boca arriba con las extremidades comprimidas para reducir su volumen.
La conservación de algunos restos como momias no demuestra que existiera un proceso deliberado de momificación, ya que los investigadores la atribuyen principalmente a las condiciones naturales de las cuevas. También destaca la escasez de ajuares personales, una característica que dificulta identificar el rango de los difuntos o reconstruir sus creencias.
Desde el siglo VIII aparecieron los cementerios tumulares, generalmente individuales, mientras que más adelante se extendieron las cistas y las fosas. Sin embargo, los enterramientos en cuevas continuaron, con distinta intensidad, hasta la conquista. Los túmulos y las cistas son prácticas exclusivas de Gran Canaria dentro del Archipiélago.
El arqueólogo Marco Moreno, codirector de Tibicena Arqueología y Patrimonio, subraya que comunidades muy próximas podían mantener ritos diferentes: en La Fortaleza se enterraba siempre en cuevas, mientras que en el barranco de Fataga se practicaban enterramientos tumulares durante el mismo periodo. Los especialistas consideran que estos cambios pudieron estar relacionados con nuevas ideas, contactos o movimientos de población desde el norte de África, aunque las preguntas sobre su significado continúan abiertas.
Información elaborada a partir de La Provincia.