Casi cuarenta años del Plan Forestal Andaluz: balance de resultados y retos pendientes
Balance del Plan Forestal Andaluz de 1989: indicadores de ejecución, decaimiento de encinas y alcornoques y retos de la prevención de incendios.
El Plan Forestal Andaluz, aprobado en 1989 como iniciativa pionera de política forestal a largo plazo y con una vigencia prevista de sesenta años, ha llegado a casi cuatro décadas de su puesta en marcha con un balance que el texto considera insuficiente. Entre sus objetivos figuraban la protección del suelo, la regulación del ciclo hidrológico, la conservación de los hábitats naturales, la selvicultura y el desarrollo rural, más allá de la mera producción forestal.
El análisis señala que su desarrollo no mantuvo la continuidad prevista: aunque se contemplaban revisiones quinquenales y fases decenales, las sucesivas adecuaciones se aprobaron con importantes intervalos. Según el texto, la planificación forestal necesita estabilidad, pero también capacidad de adaptación, y los ciclos ecológicos no siempre coinciden con los tiempos administrativos y presupuestarios.
Las memorias de seguimiento del plan para el periodo 1990-2022 muestran una actividad administrativa y económica considerable, aunque el original advierte de que los indicadores de ejecución, como las hectáreas repobladas, los kilómetros de caminos acondicionados o las inversiones, no bastan para conocer la mejora real de los ecosistemas. Para ello habría que medir la supervivencia de las plantaciones, la regeneración de especies autóctonas y la evolución de la biodiversidad.
Uno de los problemas más preocupantes que señala el texto es el decaimiento forestal de las encinas y alcornoques, por sequías prolongadas, altas temperaturas, condiciones del suelo, plagas y patógenos como Phytophthora cinnamomi. En cuanto a los incendios, el análisis destaca el papel del dispositivo Infoca y apunta que, en 2026, el porcentaje de intervenciones que quedaron en conatos descendió al 61,3%, frente a una media próxima al 80% de los quince años anteriores, un dato que, según el texto, merece especial atención tras la integración del dispositivo en la nueva Agencia de Emergencias de Andalucía.
El artículo concluye que la gestión forestal debe ir más allá de la superficie arbolada, valorando la diversidad de especies, la heterogeneidad estructural y la regeneración natural, y que la ciencia debe guiar la planificación. Al tratarse de un análisis de ámbito andaluz, su interés para Córdoba es el de un marco regional que afecta a sus montes y a la prevención de incendios en la provincia.
Información elaborada a partir de Diario Córdoba.