El silencio gana valor ante una sociedad cada vez más expuesta al ruido
La contaminación acústica impulsa la demanda de silencio, que gana valor como experiencia turística y se convierte en un lujo para muchos ciudadanos.
La creciente preocupación por la contaminación acústica está convirtiendo el silencio en una experiencia cada vez más demandada, aunque también más exclusiva. El 35% de la población reconoce sufrir estrés por la exposición continuada a sonidos molestos y tres de cada cuatro ciudadanos aseguran que el ruido les hace dormir mal en ocasiones.
La convivencia diaria con altos niveles de ruido, especialmente en los grandes núcleos urbanos, contrasta con una mayor sensibilidad ciudadana hacia sus efectos. Las protestas vecinales por el rugido de los monoplazas durante el Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid y las denuncias de residentes próximos al estadio Santiago Bernabéu han evidenciado ese malestar.
La demanda de calma también ha abierto una oportunidad para el sector turístico. Hoteles y casas rurales promocionan instalaciones basadas en el silencio, mientras que la firma Silent Focus organiza retiros espirituales en las cercanías de Barcelona y el resort La Galiana, cerca de Valencia, ofrece escapadas para evitar el ruido y las multitudes durante las Fallas.
“Que el silencio se esté convirtiendo en un reclamo turístico indica que cada vez lo valoramos más”, señala Alfonso Terceño, portavoz de Juristas contra el Ruido. La asociación lleva 20 años denunciando ante los tribunales situaciones de contaminación acústica.
Lluis Gallardo, portavoz de la Associació Catalana Contra la Contaminació Acústica, advierte de que el silencio, necesario para el bienestar, “se está convirtiendo en un artículo de lujo”. En la misma línea, Miguel del Pino, presidente de la Federación de Asociaciones contra el Ruido, lamenta que los vagones silenciosos incorporados por Renfe en 2014 sigan siendo minoritarios.
Los auriculares con cancelación de ruido se encuentran entre los productos más vendidos en las tiendas especializadas, mientras que en Estados Unidos se extienden restaurantes, peluquerías y taxis donde los clientes pueden pedir que no les hablen. Del Pino compara la evolución previsible de los espacios silenciosos con la de los lugares sin humo: de una opción minoritaria a una norma.
Información elaborada a partir de Diario Córdoba.