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Cultura

Cuando los payeses cantaban en las fábricas: la música como compañera del trabajo en Baleares

Un estudio sobre la música en las fábricas de Baleares muestra cómo el canto acompañó al trabajo industrial hasta su silenciamiento en los años 60.

Redacción automática · Palma 2 min de lectura

El economista Ernest Lluch recogió que, antes del auge turístico, Mallorca y Menorca fueron las únicas islas industriales de todo el Mediterráneo. Desde la segunda mitad del siglo XIX, las Baleares se sumaron a la Revolución Industrial, con Mallorca destacando en textil (Palma, Bunyola, Esporles, Santa Maria, Sóller y Pollença), muebles, bisutería (Manacor) y calzado (Raiguer y Llucmajor). Menorca también despuntó en calzado y bisutería, mientras que Ibiza tuvo una producción más modesta, centrada en Can Ventosa.

Gran parte de esa mano de obra procedía del campo, y los payeses no concebían trabajar sin cantar. El musicólogo palmesano Baltasar Samper, que entre 1924 y 1932 dirigió las misiones de investigación en Baleares para el Obra del Cançoner Popular de Catalunya, documentó cómo en algunos pueblos mallorquines más industrializados había prohibiciones explícitas de cantar en las fábricas. Según su biógrafo, el etnomusicólogo Amadeu Corbera, en Alaró encontró un cartel que decía que el buen obrero entra puntual y trabaja sin cantar. Aun así, la mayoría de empresarios fueron bastante permisivos.

Entre 2015 y 2016, Corbera y la etnomusicóloga Eulàlia Febrer estudiaron el paisaje sonoro de las fábricas de Menorca, con una beca del Institut Ramon Muntaner y del Institut Menorquí d'Estudis. Entrevistaron a más de cincuenta trabajadores del calzado y la bisutería, en activo y jubilados. Según el investigador, en los talleres tradicionales los trabajadores cantaban a voces según la jerarquía, y el canto también servía para marcar límites en las relaciones laborales, como ocurría con las mujeres embaladoras.

Con la llegada de la producción en cadena, a finales de los años 50, el canto perdió sentido como interacción grupal. Corbera señala que los trabajadores quedaron aislados y sometidos al cronómetro, y que algunos siguieron cantando al ritmo de las máquinas, otros en silencio o con gestos. Según el investigador, si cantaban no era por felicidad en el trabajo, sino para ser felices en un contexto hostil.

A partir de los años 60 llegó la radio a las naves industriales y después los sistemas de megafonía, lo que supuso el paso del canto a la escucha pasiva. Corbera lamenta la pérdida de un patrimonio sonoro y de una manera de entender la voz, y recuerda que hubo un tiempo en que cantar formaba parte del trabajo.

Información elaborada a partir de Ara Balears.

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