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Lunes, 28 de septiembre de 2026 Edición Palma · Illes Balears
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Cultura

Por qué los trabalenguas nos hacen tropezar con las palabras

Los trabalenguas, los lapsus y las palabras largas revelan cómo la lengua y el cerebro simplifican los sonidos difíciles.

Redacción · Palma 2 min de lectura

Los trabalenguas ponen a prueba la pronunciación porque combinan, normalmente a gran velocidad, secuencias de sonidos semejantes y alternantes. En catalán, ejemplos como ‘Setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat’ o ‘Un plat pla blanc ple de pebre negre està’ muestran cómo la repetición de sonidos puede provocar errores.

Este recurso se relaciona con la aliteración, la repetición de un sonido también presente en la poesía, aunque el trabalenguas añade la dificultad de articular sonidos parecidos. Así, la proximidad entre la ‘l’ y la ‘r’ puede llevar a pronunciar ‘peble negle’ en lugar de ‘pebre negre’. Otros juegos, como ‘De genollons collia codonys’, favorecen confusiones entre sílabas y palabras similares.

El artículo también diferencia estos retos de los lapsus linguae, errores involuntarios en los que una palabra se confunde con otra o queda influida por las palabras cercanas. Entre los más habituales están los malapropismos, que sustituyen una palabra poco frecuente por otra más conocida, como ‘posteta’ por próstata o ‘basílica’ por vesícula.

Las palabras largas plantean otro tipo de dificultad: obligan a mantener más sílabas en la memoria mientras se pronuncian. Por eso pueden aparecer formas como ‘meterología’ en lugar de ‘meteorología’ o ‘desexiribonucleic’ en lugar de ‘desoxiribononucleic’. Los nombres extranjeros, como Schwarzenegger, también pueden complicarse por la combinación de sonidos.

El texto recuerda además el caso del carrer de l’Astre de Manacor. La vía fue bautizada en 1969 como ‘calle Armstrong’, en homenaje al astronauta Neil Armstrong, pero el nombre acabó deformándose popularmente en ‘Astro’. Con la normalización de los nombres de las calles al catalán, el Ayuntamiento de Manacor fijó la denominación actual, pensando que aludía a un cuerpo celeste.

La explicación final es que la lengua tiene límites físicos y que el cerebro tiende a elegir las formas más sencillas. Los trabalenguas, concluye el artículo, no solo sirven para mejorar la dicción: también muestran que equivocarse al hablar puede ser divertido y convertirse en un reto.

Información elaborada a partir de Ara Balears.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de Ara Balears · Ver original

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