Urda, epicentro de la tragedia ferroviaria: decenas de muertos y voluntarios volcados en los pabellones
Un choque entre un AVE y un Iryo en Urda (Toledo) deja 68 muertos y decenas de heridos graves. Así se vive la tragedia en el pueblo.
Un accidente ferroviario en el kilómetro 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, a la altura de Urda (Toledo), ha provocado un balance provisional de 68 muertos, 15 personas en estado crítico y otros 53 heridos graves. Un AVE de Renfe alcanzó por detrás a un Iryo detenido poco antes de las nueve de la mañana; ambos trenes cubrían el trayecto Madrid-Sevilla. Las primeras hipótesis apuntan a una incidencia en el sistema de seguridad combinada con un fallo humano en el control de Adif en Atocha, aunque las causas aún no están determinadas.
En el polideportivo municipal de este pueblo de menos de 3.000 habitantes, los voluntarios registran a quienes llegan, anotan los nombres de las personas sin localizar y organizan el triaje de los afectados. Iñaki, pasajero del vagón 2 del Iryo, relata que pudo salir por su propio pie y describe el escenario exterior como «dantesco». Pablo, que cambió de asiento minutos antes del impacto, explica que los viajeros tuvieron que salir por las ventanas porque las puertas estaban bloqueadas, y que muchos asientos se desprendieron del suelo.
Otros testimonios recogen el miedo de los primeros momentos. Gabriela describe un golpe fuerte por detrás y la necesidad de bajar del tren ante el temor a que llegara otro convoy. Nicolás, un turista canadiense, asegura que perdió el conocimiento entre cinco y diez minutos y que, al recuperarse, aún estaba dentro del tren, rodeado de heridos.
La solidaridad vecinal ha sido una de las respuestas más visibles. Sanitarios llegados de localidades cercanas como Consuegra, hosteleros que reparten caldo caliente, comercios que trasladan agua, zumos y provisiones a los pabellones y a los equipos de rescate, y un profesor de inglés convertido en traductor improvisado para atender a los heridos extranjeros forman parte de ese esfuerzo colectivo.
Mientras tanto, en el colegio Santo Cristo, habilitado para familiares y allegados, decenas de personas esperan noticias que llegan con cuentagotas. María Wandosel, que acompaña a la mujer de un socio que viajaba en uno de los trenes, resume la angustia de muchas familias: «No sabemos absolutamente nada y la espera es un horror».
Información elaborada a partir de Diario de Mallorca.