La rivalidad entre Estados Unidos y China vuelve a quedar en segundo plano
La visita de Xi a Washington reabre el debate sobre cómo las guerras y crisis han retrasado durante 25 años la estrategia de EEUU frente a China.
La visita de Xi Jinping a Washington, en plena guerra comercial y tecnológica con Estados Unidos, evidencia una contradicción que Washington arrastra desde hace casi 25 años: su intención de concentrarse en China se ve desviada periódicamente por otros conflictos y crisis internacionales.
Donald Trump ha planteado el encuentro como una oportunidad para rebajar las tensiones y evitar una guerra comercial, aunque expertos citados por el medio consideran que su Administración ha sustituido la estrategia de competencia a largo plazo por una política basada en cumbres y diplomacia comercial. La reunión coincide con la Asamblea General de la ONU y con las intervenciones de Binyamín Netanyahu y Volodímir Zelenski sobre Gaza y Ucrania.
El momento también tiene una dimensión política interna para Trump, con las elecciones de medio mandato a un mes y medio. El presidente busca desplazar el foco de dos conflictos que ponen bajo escrutinio su promesa de mantener a Estados Unidos al margen de las guerras en el extranjero y que afectan a una preocupación central de los ciudadanos estadounidenses: el coste de vida.
George W. Bush llegó a la Casa Blanca considerando a China el gran desafío futuro, pero los atentados del 11 de septiembre de 2001 y las guerras de Afganistán e Irak alteraron sus prioridades. Según Peter Feaver, antiguo asesor de Seguridad Nacional de Bush, esos conflictos consumieron más presupuesto, capacidad militar y atención presidencial de lo previsto, mientras China aumentaba su peso industrial, tecnológico y geopolítico.
Barack Obama intentó corregir esa deriva con su llamado “giro hacia Asia”, que incluía reforzar alianzas y promover el Acuerdo de Asociación Transpacífico. Sin embargo, su Administración volvió a verse absorbida por Oriente Medio. Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo durante su primer mandato y Joe Biden reforzó las alianzas asiáticas y la competitividad industrial y tecnológica estadounidense.
En 2026, expertos como Charles Kupchan sostienen que China sigue siendo el asunto más importante para Estados Unidos, aunque lo urgente vuelve a desplazar a lo estratégico. Mientras Washington reparte su atención entre varios frentes, Pekín continúa ampliando su influencia en regiones como Latinoamérica y África. La evolución de esta rivalidad internacional afecta al escenario económico y político global, también relevante para una capital atlántica como Santa Cruz de Tenerife.
Información elaborada a partir de El Día.