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Así fue el saqueo vikingo de Sevilla en el otoño del año 844

En 844, una flota vikinga saqueó Sevilla y su mezquita mayor antes de ser derrotada por las tropas del emir en Tablada.

Redacción automática · Sevilla 2 min de lectura

En el otoño del año 844, una flota vikinga remontó el Guadalquivir, tomó Sevilla al asalto y saqueó la ciudad durante varios días. Las tropas del emir de Córdoba, Abd al-Rahman II, acabaron derrotando a los invasores el 11 de noviembre en Talyata, lugar que la tradición identifica con Tablada.

Los normandos llegaron tras combatir en Galicia y atacar Lisboa, Cádiz y Medina Sidonia. Según las crónicas, su flota estaba formada por entre 54 y 80 barcos, y estableció su base en Qabtil, que suele identificarse con Isla Menor. Desde allí enviaron cinco naves contra Coria del Río, donde mataron y saquearon antes de continuar hacia Sevilla.

La ciudad fue asediada y ocupada durante siete días, según Ibn Idhari, aunque otras fuentes elevan la cifra a trece. Muchos vecinos huyeron a Carmona o a los cerros cercanos, mientras otros fueron asesinados o capturados. El saqueo alcanzó la mezquita aljama de Ibn Adabbas, construida entre los años 829 y 830 en el solar del actual Salvador.

El contraataque del emir se organizó desde el Aljarafe y contó con tropas de distintas provincias. En una emboscada tendida en Quintos de Moafar, un enclave que suele situarse en el entorno de la Hacienda de Quintos, en Dos Hermanas, las fuerzas andalusíes aniquilaron a una columna vikinga que se dirigía hacia Morón. La derrota definitiva llegó junto al río: las crónicas aseguran que ardieron treinta barcos y que muchos invasores fueron ahorcados en las palmeras, aunque algunas cifras podrían estar exageradas.

Durante la retirada, los vikingos aceptaron entregar prisioneros a cambio de ropa y comida, pero rechazaron el oro y la plata. Tras el ataque, el emir ordenó construir un arsenal en Sevilla, fabricar barcos y reclutar marineros para proteger al-Andalus. Cuando los vikingos regresaron en 858-859, fueron interceptados en la desembocadura del Guadalquivir.

La campaña también originó el mito de unos vikingos convertidos al islam y dedicados a fabricar queso en las marismas sevillanas. El arabista Jordi Aguadé demostró en 1986 que la interpretación procedía de una confusión: el texto medieval aludía a los quesos de los zoroastrianos, no a los vikingos.

Información elaborada a partir de ABC Sevilla.

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