Una mirada crítica a los pregones y a las dos Sevillas
Daniel Ruiz reflexiona sobre las dos Sevillas, el peso de los pregones y la forma tradicional de hablar de la ciudad.
La última columna de Daniel Ruiz en El Correo reflexiona sobre las dos Sevillas que, según el autor, pocas veces comparten voz: la del silencio y la del grito. El punto de partida son las amenazas e insultos que el capillismo irredento dirigió a Alfonso Grosso tras publicar su novela El capirote.
Ruiz cuestiona también la forma de hablar de Sevilla que considera dominante, una retórica que envuelve los discursos en pregones, comparsas y campañas políticas con referencias constantes a la belleza de la ciudad, la dulzura y el dolor de sus vírgenes.
El articulista reconoce que no tiene vocación de pregonero, pero se pregunta qué se pierde al mantenerse al margen de un fenómeno que llena salas, auditorios, conversaciones, artículos y momentos de soledad. Para acercarse a esa tradición, escucha en YouTube el último pregón, pronunciado por José Antonio Rodríguez Benítez, mientras viaja en el metro de Madrid.
Durante la escucha, imagina la Catedral dormida bajo la luz de la luna y el paso de la Esperanza de Triana, antes de que el tono elevado del pregonero rompa el hechizo. La escena le lleva a recordar al barítono francés Gérard Souzay y una reflexión de Roland Barthes sobre la forma de interpretar las palabras alegres y tristes.
La Sevilla ideal que plantea Ruiz tendría pregones despojados de artificio, como las etapas llanas del Tour de Francia, en las que la monotonía permite contemplar el paisaje y a uno mismo. El texto concluye con una referencia a los Padres del Desierto, que encontraban en el vacío una forma extrema de amor y terror.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.