La comunidad china de Tarragona cambia los bazares por bares y salones de uñas
La comunidad china no se marcha de Tarragona, pero cambia los bazares por bares de tapas, restauración y salones de uñas.
La comunidad china mantiene su presencia en Tarragona pese al cierre de algunos bazares, afectados por la caída de las ventas y el cambio en los hábitos de consumo. En la provincia viven casi 3.800 ciudadanos de China, una población que se ha duplicado en las dos últimas décadas y que registra ligeros incrementos interanuales.
Parte de los emprendedores chinos está orientando ahora su actividad hacia bares de tapas y establecimientos de restauración. Ana Isabel Jiménez, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, destaca que la hostelería ofrece negocios estables, con una rápida generación de ingresos y una clientela fiel y de proximidad.
Estefanía García, presidenta de Pimec Comerç Tarragona, considera que el bar tradicional, especializado en bocadillos y tapas, es una opción económicamente más viable tanto para los ciudadanos chinos como para otros migrantes. Jiménez también señala el crecimiento de los negocios vinculados al cuidado personal, especialmente los salones de uñas, que cuentan con una base consolidada de clientes.
Según Jiménez, quienes llegaron a España generalmente se han quedado, aunque ahora llegan menos personas desde China porque el país ofrece más oportunidades económicas. El perfil de los nuevos migrantes también ha cambiado: ya no se centra tanto en la apertura de bazares y se vincula más a empresas tecnológicas, en algunos casos relacionadas con la industria automovilística.
El economista y profesor emérito de la URV Agustí Segarra apunta que los bazares tuvieron una expansión fuerte y que pudo producirse un exceso de oferta. A su juicio, los cierres reflejan un cambio de ciclo y la transformación de la economía china hacia sectores de mayor valor añadido, como la tecnología asociada al vehículo eléctrico.
Información elaborada a partir de Diari de Tarragona.