Un descendiente de Germán Crespo identifica a su familia como dueña del tesoro de Villanueva robado en Badajoz
Enrique Ossorio, presidente de la Asamblea de Madrid, identifica a su familia como dueña del tesoro de Villanueva robado en el Museo Arqueológico de Badajoz.
El robo de 144 de las 149 monedas de oro del llamado tesoro de Villanueva en el Museo Arqueológico de Badajoz, ocurrido el 25 de abril, ha llevado a Enrique Ossorio, presidente de la Asamblea de Madrid y pacense, a comprobar que las piezas pertenecieron a su familia. Según relata, al conocer la noticia del robo recordó una historia que le contaba su abuelo: un antepasado había enterrado un tesoro en una casa y nunca fue recuperado.
El tesoro fue descubierto en 1987 por casualidad, durante unas obras en un caserón de Villanueva de la Serena donde se ubicaba el cine Rialto. Las monedas, enterradas directamente en la tierra, incluían piezas acuñadas en los reinados de Carlos II, Carlos IV y Fernando VII. La hipótesis principal es que alguien las ocultó en un contexto violento o por problemas políticos y no pudo recuperarlas.
La investigación de Ossorio apunta a Germán Crespo Camprobín, miembro de una familia originaria de Villoslada de Cameros (La Rioja) con fortuna procedente del comercio, la banca, la recaudación de rentas y la administración de fincas. En el verano de 1874, tras arruinarse sus negocios, desapareció sin dejar rastro. La prensa de la época especuló con un suicidio, un asesinato o una fuga a América con tres millones de reales.
Ossorio asegura haber comprobado que el caserón fue adquirido en 1845 por Matías Crespo y heredado por su hijo Germán. Al principio los datos no coincidían, ya que los anuncios de la época situaban el negocio en la calle Pedro del Río, pero descubrió que ese tramo de la calle Carrera llevó ese nombre en el pasado. Un empresario local le ayudó a confirmar la titularidad en los registros.
El caserón acabó en manos de la condesa de Chinchón, hija de Manuel Godoy, tras embargar la propiedad por deudas que Germán dejó pendientes. Ossorio considera que la aparición del tesoro bajo el edificio sugiere que su antepasado murió o se quitó la vida, ya que de haber huido a América se habría llevado las monedas.
Para Badajoz, el caso tiene un doble interés: el tesoro forma parte del patrimonio que se custodiaba en su Museo Arqueológico, y el robo ha reabierto el debate sobre la seguridad de las colecciones. Las cinco monedas que quedaron fuera del botín se mantienen guardadas por seguridad, y la Policía Nacional sigue investigando sin detenciones, con la hipótesis de que las piezas podrían fundirse por el valor del oro, unos 500.000 euros.
Información elaborada a partir de Hoy.