Lluc Crusellas, mejor chocolatero del mundo, abre en la calle del Pi en la histórica chocolatería Fargas
El chocolatero Lluc Crusellas toma la histórica chocolatería Fargas de la calle del Pi, la más antigua de Barcelona, que cumplirá 200 años en 2027.
El chocolatero Lluc Crusellas, proclamado mejor chocolatero del mundo en 2022, ha llegado por fin a Barcelona al hacerse con la chocolatería Fargas, en la calle del Pi, que el año que viene cumplirá 200 años y es la más antigua de la ciudad. Su nuevo negocio mantiene el legado de la casa a la vez que incorpora su propia propuesta, bajo la marca Eukarya, y los productos estarán disponibles a partir de este viernes.
Crusellas explica que el local le merece "un respeto absoluto" y que lo asume con mucha ilusión, como una forma de devolver al sector un patrimonio que "estaba a punto de desaparecer". Desde su consagración ha creado la marca Eukarya, abrió una tienda-obrador en Vic y, en 2024, un espacio en el centro comercial Pyrénées de Andorra la Vella, además de seguir al frente de la pastelería El Carme, en Vic.
La reforma ha tenido que respetar elementos catalogados, como el escaparate, el cartel de la puerta, la vitrina y el mobiliario interior, y mantiene un molino de piedra donde el nuevo titular elaborará el chocolate con técnicas propias del siglo XXI. La chocolatería aparece documentada por primera vez en el Diario de Barcelona de 12 de mayo de 1827, aunque podría ser aún más antigua. En 1887 pasó a manos de Josep Fargas y después a su hijo Carles Fargas i Bonell.
Los últimos propietarios, Laia Puigdollers y Carlos Rullan, han traspasado el negocio porque no podían dedicarse en exclusiva a él. Puigdollers apuntó que los costes de mantener un negocio en el centro son cada vez más elevados, que el público ya no es el de antes y que "la administración no te ayuda", lo que, en su opinión, hace "muy difícil mantener la esencia de la ciudad".
Crusellas quería volver a la ubicación original, en el Palau Castell de Pons, pero le pedían 50.000 euros al mes, por lo que se queda en el local que ocupaba desde 2016. Los comerciantes vecinos, cansados de negocios impersonales, celebran su llegada. En el mostrador, que no tendrá espacio para degustación, convivirán productos heredados, como el chocolate a la piedra, los suizos o las trufas heladas, con los de autor del nuevo titular.
Según Crusellas, el próximo año se dedicará a estabilizar el negocio y no descarta abrir más tiendas en Barcelona si surge una oportunidad similar.
Información elaborada a partir de El Periódico (Barcelona).