La serie de Pablo Larraín lleva a Netflix el terror de la vida cotidiana
La miniserie de Pablo Larraín, presentada en el Zinemaldia, adapta a Mariana Enríquez y llega a Netflix con cuatro episodios.
La miniserie Todos mis muertos tristes, dirigida por el chileno Pablo Larraín y presentada en la Sección Oficial del Zinemaldia, llega a Netflix en cuatro episodios. La producción adapta la novela homónima de Mariana Enríquez e incorpora también pasajes y personajes de Julie y Un lugar soleado para gente sombría.
La historia sigue a Ema, una médica de 60 años capaz de ver y oír a los muertos. Tras fallecer su madre, recibe la visita de su sobrina Julie, que comparte ese don. Después de un suceso perturbador, los vecinos de un barrio marginal de Buenos Aires empiezan a percibir presencias y a revivir recuerdos enterrados, mientras afloran la culpa, los secretos familiares y heridas sin cerrar.
Larraín explicó en Donostia que la serie muestra “una ciudad, una pobreza, una violencia, gente y clases que han sido olvidadas”. A su juicio, “el terror está en lo cotidiano” y el género fantástico permite abordar cuestiones sociales como la gordofobia, la sexualidad, la violencia doméstica, el racismo y la marginalidad.
El director añadió que la ficción también plantea qué sienten los muertos, que regresan para pedir a los vivos que no se olviden de ellos. La producción, realizada entre Chile y Argentina, sitúa su relato en un entorno marcado por décadas de abandono y olvido.
Mariana Enríquez describió Argentina como un país atrapado “en un ‘loop’ permanente, en una espiral sin fin”. Las actrices Mercedes Morán y Dolores Fonzi también relacionaron la serie con la situación de su país y criticaron el estado de la cultura argentina. Para los espectadores de Bilbao y del conjunto de Bizkaia, el estreno llega tras su paso por el festival donostiarra y ofrece una nueva adaptación audiovisual de la obra de una autora argentina.
Información elaborada a partir de Deia.