Virus infantiles en otoño e invierno: cómo afrontar mocos, tos y fiebre en casa
Mocos, tos y fiebre en niños en otoño e invierno: síntomas, cuándo consultar al médico y cómo frenar los contagios en la guardería.
Con la llegada del otoño y el invierno, muchas familias vuelven a enfrentarse a la misma estampa: mocos, tos, fiebre y llamadas de la guardería. Según la información publicada por Deia, los niños pequeños pueden sufrir entre seis y ocho resfriados al año, y los contagios son habituales en los primeros años de vida, sobre todo al empezar la escuela infantil. Aunque la mayoría de estas infecciones son leves, conviene saber reconocer sus síntomas y cuándo es necesario consultar.
El resfriado suele empezar con mocos, estornudos y tos, mientras que la gripe puede aparecer de golpe, con fiebre y malestar general. La bronquiolitis, frecuente en menores de dos años, comienza también como un catarro, pero puede provocar dificultades respiratorias. Detrás de muchos de estos casos se encuentra el virus respiratorio sincitial (VRS), que según el Ministerio de Sanidad es la principal causa de hospitalización por infección respiratoria en menores de un año durante el otoño y el invierno.
Cuando aparecen los primeros síntomas, si el pequeño está animado, respira bien y bebe con normalidad, puede recuperarse en casa. Ofrecerle agua o el pecho, dejarle descansar y realizar lavados nasales con suero fisiológico si los mocos le impiden comer o dormir puede aliviar las molestias. Aunque tenga menos apetito, conviene vigilar que beba y que moje los pañales con normalidad. Los antibióticos solo deben administrarse por indicación médica, y no se recomienda dar jarabes para la tos o anticatarrales por cuenta propia. Para la fiebre o el dolor, hay que seguir las pautas sanitarias según la edad y el peso del niño.
El texto subraya varias señales de alarma. Si un bebé menor de tres meses alcanza los 38 °C, necesita valoración médica urgente. También es preciso acudir a urgencias si el niño tiene dificultad para respirar, se le hunden las costillas, presenta los labios azulados, está muy decaído o resulta difícil despertarlo. Si apenas bebe, moja menos pañales de lo habitual o su estado empeora, hay que consultar.
La convivencia diaria en las escuelas infantiles facilita la circulación de virus entre los pequeños, lo que hace que muchas familias encadenen catarros durante los primeros meses de adaptación. Los contagios pueden llegar también a casa y afectar a otros miembros de la familia, por lo que extremar la higiene resulta especialmente importante.
Evitar por completo los virus es prácticamente imposible, pero lavarse las manos, ventilar la vivienda, no compartir vasos y cubrirse la boca con el codo al toser ayudan a reducir su transmisión. Según la noticia, tener varios catarros seguidos no implica necesariamente que el niño tenga las defensas bajas. Además, la vacunación frente a la gripe, recomendada en el Estado para los niños de 6 a 59 meses, ayuda a prevenir complicaciones. Si el niño enferma, lo mejor es que descanse en casa mientras se encuentre mal y siga las indicaciones sanitarias y de la guardería para volver cuando esté recuperado.
Información elaborada a partir de Deia.