La infancia con más autonomía pudo influir en la forma de afrontar la vida
Un estudio analiza cómo la autonomía infantil de generaciones anteriores pudo influir en su desarrollo, sin demostrar que trabajaran sin ilusión.
Una investigación publicada en The Journal of Pediatrics por Peter Gray, David F. Lancy y David F. Bjorklund revisa décadas de evidencias sobre el descenso de las actividades infantiles independientes y su posible relación con el bienestar psicológico. El estudio se centra en la infancia y no analiza la satisfacción laboral de los adultos nacidos antes de 1980.
Los autores describen que los niños de los años setenta y anteriores tenían más oportunidades para jugar, desplazarse y resolver problemas sin supervisión directa. A partir de los años sesenta, y con mayor rapidez durante los ochenta, aumentaron la protección, la vigilancia adulta y la organización de las actividades infantiles.
Según la hipótesis del estudio, tomar decisiones propias, asumir pequeños riesgos y solucionar conflictos sin la intervención inmediata de un adulto puede favorecer la autonomía, la capacidad para resolver problemas y la sensación de control sobre la propia vida.
El texto también aborda las condiciones en las que muchas personas de aquellas generaciones accedieron al trabajo. La situación económica familiar, el lugar de residencia y las posibilidades de continuar estudiando podían pesar más que la búsqueda de una profesión vocacional. En numerosos hogares, empezar a trabajar implicaba aportar ingresos, ayudar en casa o aprender pronto un oficio.
Las mujeres afrontaban además expectativas sociales que limitaban especialmente sus opciones formativas y laborales, en un modelo muy ligado al matrimonio, los cuidados y las tareas domésticas. Por eso, la falta de un empleo soñado no tiene por qué reflejar ausencia de ambición, sino las prioridades y restricciones de una época.
Los investigadores no presentan aquella infancia como un modelo perfecto: la menor supervisión también podía entrañar riesgos y desigualdades. Sus conclusiones apuntan a que la pérdida de actividades independientes coincide con un deterioro del bienestar mental juvenil, pero no permiten afirmar que quienes nacieron antes de 1980 aprendieran necesariamente a trabajar sin ilusión. Para parte de esas generaciones, el empleo comenzó siendo una responsabilidad más que una elección vocacional, aunque muchos pudieron encontrar satisfacción y sentido en sus oficios.
Información elaborada a partir de Diario de Cádiz.