El Smaragdo, la joya medieval que conserva la Mezquita-Catedral
La Mezquita-Catedral de Córdoba conserva el Smaragdo, un códice del siglo X de 13,5 kilos vinculado a Isabel la Católica.
La Mezquita-Catedral de Córdoba custodia el Smaragdo o Esmaragdo de Córdoba, un excepcional códice manuscrito de 456 folios de pergamino de vitela uterina y 13,5 kilos de peso. Copiado en Burgos por Florencio de Valeránica a comienzos del siglo X, tiene unos 1.070 años de antigüedad y forma parte de la colección del Archivo Capitular, considerada la tercera de España en incunables.
El canónigo archivero-bibliotecario de la Catedral de Córdoba, Manuel Montilla, destaca tanto la confección, la caligrafía y las iluminaciones del manuscrito como su contenido. El volumen reúne tres libros de homilías o sermones: las Collectiones in epistolas et evangelia de Smaragdo de Saint-Mihiel, el homiliario de Pablo el Diácono y De incarnatione Filii Dei, de Fulgencio de Ruspe.
Entre sus contenidos sobresale también el Canto de la Sibila, una composición religiosa medieval que anuncia el Juicio Final y el fin del mundo. El códice está decorado con escritura visigótica, la cruz de Oviedo, capitulares, frontispicios y laberintos caligráficos propios de la miniatura mozárabe, realizados con tintas que aún conservan su viveza.
La historia del manuscrito está reconstruida a partir de hipótesis y hallazgos documentales. Tras la desaparición del monasterio de origen, llegó a Toledo y, según las investigaciones, el cardenal Cisneros se lo regaló a Isabel la Católica. Después de la muerte de la reina, en 1504, fue incluido en la almoneda de Toro y Medina del Campo para liquidar sus bienes, deudas y legados.
El investigador José Julio Martín Barba identificó mediante luz ultravioleta tres tasaciones del códice: 3.000, 1.000 y 375 maravedíes. La última valoración precedió a su adquisición por Rodrigo de la Rúa en 1508. El humanista cordobés Ambrosio de Morales documentó por primera vez la presencia del Smaragdo en Córdoba en 1586.
El códice conserva además una notación musical aquitana añadida en el siglo XII al Canto de la Sibila, cuya musicalidad fue estudiada por el musicólogo José López-Calo. Su encuadernación tuvo que ser restaurada, ya que llegó desguarnecida, pero el manuscrito mantiene buena parte de sus elementos originales y las huellas del trabajo de Florencio de Valeránica.
Información elaborada a partir de Diario Córdoba.