La IA exige normas y control frente al entusiasmo y el miedo apocalíptico
La expansión de la IA plantea oportunidades y riesgos y exige regulación, supervisión humana y protección de derechos, también en Euskadi.
La Unesco ha celebrado en Riad su cuarto Foro sobre Ética de la Inteligencia Artificial (IA) en plena expansión de estas herramientas, que en tres años han pasado del laboratorio a la vida cotidiana. El debate enfrenta las promesas de productividad, conocimiento y accesibilidad con los temores al desempleo, el plagio y la pérdida de control.
El análisis defiende que la cuestión no es aceptar o rechazar la IA en bloque, sino decidir qué usos promover, cuáles limitar y quién debe responder. La OCDE recoge mejoras de entre el 20% y el 40% en tareas concretas con IA generativa, aunque advierte de que esos resultados no son generalizables. La tecnología puede ayudar en medicina, educación y ciencia, además de automatizar tareas repetitivas y facilitar la participación de personas con discapacidad.
El texto subraya, sin embargo, que un sistema capaz de expresarse con fluidez no comprende ni tiene voluntad propia. Puede inventar datos, reproducir sesgos y cometer errores. Entre los riesgos ya visibles figuran la discriminación algorítmica, la vigilancia laboral, la vulneración de la privacidad, la desinformación, el fraude y la concentración económica. La OIT estima que uno de cada cuatro trabajadores tiene algún grado de exposición a la IA generativa, aunque solo una proporción pequeña afronta una exposición alta.
La comparación con la electricidad, el automóvil y el ferrocarril sirve para reivindicar una respuesta basada en la regulación y no en el inmovilismo. El artículo reclama evaluación independiente, trazabilidad, protección de datos, supervisión humana y prohibiciones en los usos de mayor riesgo, especialmente en ámbitos como la salud, la justicia, el empleo, el crédito y la educación.
El análisis también alerta del poder acumulado por las grandes empresas tecnológicas y defiende que Euskadi desarrolle una IA propia, pública, auditada y con datos en euskera. Para Donostia-San Sebastián, como capital guipuzcoana y vasca, el debate plantea cómo aprovechar estas herramientas sin renunciar a la protección de derechos, la verificación de la información y la identidad lingüística y cultural del territorio.
Información elaborada a partir de Noticias de Gipuzkoa.