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Cultura

La memoria de Eibar pervive entre los descendientes del exilio en Argentina

La familia Ormaetxea conserva en Argentina la memoria de Eibar y relata su exilio, sus regresos y el vínculo mantenido con la ciudad.

Redacción · Eibar 2 min de lectura

La historia de una familia eibarresa exiliada en Argentina durante la Guerra Civil muestra cómo las raíces de Eibar se mantuvieron vivas a miles de kilómetros. Gaizka Javier Ormaetxea Aranberri, nacido en 1942 en Avellaneda, regresó por primera vez a la ciudad en 1955, después de haberla conocido a través de los relatos de sus padres y abuelos.

Sus padres, Luis y su esposa, nacida en el número 24 de la calle Fermín Calbetón, se casaron en 1934 y tuvieron dos hijas antes de la guerra. Tras el bombardeo de Gernika y el avance de las tropas franquistas, Luis tuvo que abandonar Eibar y emprendió un largo viaje por Europa y América hasta llegar a Argentina. Allí coincidió con miembros de la familia Gárate, vinculada a la industria eibarresa de la bicicleta.

La relación entre ambas familias continuó en Argentina. Gaizka Javier y José Eulogio Gárate, que después sería futbolista internacional, compartieron años de formación y, según el testimonio de Ormaetxea, nacieron incluso en la misma clínica. El padre de Gaizka participó además junto a miembros de los Gárate en una fábrica de bicicletas llamada Cometa, cerca de Buenos Aires.

La primera visita de Gaizka a Eibar estuvo marcada por la emoción y por las consecuencias aún vigentes del exilio. Al llegar a Hendaia, las autoridades españolas impidieron la entrada de su padre, cuyo pasaporte incluía una prohibición de acceso a España. Cada regreso a la ciudad incluye una visita al número 24 de Fermín Calbetón, donde nació su madre, y una fotografía ante la casa.

El vínculo con Eibar también se transmitió mediante el seguimiento de la Sociedad Deportiva Eibar. Iñaki, hijo de Gaizka y actualmente al frente de la Pastelería Goya de Vitoria-Gasteiz, recuerda cómo escuchaban por radio los resultados del equipo armero y anotaban su posición en la clasificación, incluso cuando militaba en categorías inferiores. El ascenso a Primera División y los partidos contra equipos como el Barcelona se vivieron con especial emoción.

Las Euskal Etxeak desempeñaron un papel esencial en la conservación de la identidad vasca. En Buenos Aires y Lomas de Zamora, la familia participó en actividades relacionadas con las danzas, el euskera y las tradiciones vascas. Décadas después, Iñaki emprendió el camino inverso y se estableció en Vitoria-Gasteiz, mientras la familia Ormaetxea mantiene el vínculo con Eibar a través de la memoria, la cultura y el fútbol.

Información elaborada a partir de El Diario Vasco.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de El Diario Vasco · Ver original

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