Un verano olímpico entre Elche y Guardamar que el tiempo acabó alejando
Un niño de Elche y otro de Guardamar organizaron sus propias olimpiadas en 1984, una amistad que el tiempo acabó distanciando.
En el verano de 1984, mientras se disputaban los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, dos niños de nueve años organizaron sus propias pruebas en Guardamar: uno residía allí y el otro llegaba desde Elche para pasar las vacaciones.
Su escenario era una calle de asfalto desgastado y un camino de tierra que conducía hasta el colegio nuevo. Allí competían en carreras de bicicletas, salto de longitud, lanzamiento de piedras y una improvisada prueba de jabalina con cañas. También celebraban una maratón de menos de quinientos metros, sorteando las sillas, las mesas y a los vecinos que tomaban el fresco.
La carrera decisiva terminó con Julián y su amigo corriendo a la par. Julián tendió la mano, pero el otro aceleró y le ganó por dos o tres metros. Hubo insultos y promesas de revancha, aunque aquella vez no llegaron a pelearse. Después regresaron juntos por la calle, donde los vecinos continuaban jugando a las cartas.
Los dos amigos siguieron coincidiendo durante varios veranos. Con el tiempo, las visitas se espaciaron: primero dejaron de verse a diario y después llegaron a encontrarse solo una vez cada tres o cuatro años. No hubo una discusión concreta ni una ruptura, sino una distancia progresiva que terminó haciendo que conocieran sus vidas por terceras personas.
El recuerdo de aquella carrera ha sido recuperado años después para una novela, con los nombres y los papeles cambiados. El narrador evoca la amistad nacida entre un niño de Guardamar y otro vinculado a Elche, y lamenta no saber cómo recuperar aquel vínculo.
El antiguo camino de tierra es hoy una de las avenidas importantes de Guardamar y está asfaltado. El texto recuerda así un paisaje compartido durante las vacaciones y una amistad infantil que el paso del tiempo terminó alejando.
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