La historia de sor Antonia de Mujica, entre Las Palmas y el poder del siglo XVIII
La historia de sor Antonia de Mujica, nacida en Las Palmas, revela un conflicto religioso y político que llegó al Consejo de Estado en el siglo XVIII.
La vida de sor Antonia de Mujica, nacida en Las Palmas en 1758, acabó convirtiéndose en un conflicto que enfrentó durante años a autoridades religiosas, civiles y al Consejo de Estado. Su historia, recuperada por La Provincia, transcurrió en el desaparecido convento de Santa Clara, situado en el espacio que hoy ocupan la Plaza de Cairasco, la Alameda de Colón y el Gabinete Literario.
Antonia ingresó en el convento como novicia en 1772, antes de cumplir los catorce años, y profesó los votos perpetuos a los dieciséis. En el edificio situado frente a Santa Clara, el convento de San Francisco, vivía el fraile Francisco Antonio de Avendaño, con quien inició una relación clandestina. Ambos se comunicaban mediante cartas y señales y llegaron a utilizar un sistema de cuerdas y tablas para desplazarse entre azoteas.
A comienzos de 1782, Antonia quedó embarazada. El parto se produjo la noche del 29 de septiembre en las letrinas del convento. Días después, una criada encontró allí el cadáver de una niña y las autoridades eclesiásticas acusaron a la monja de incontinencia e infanticidio. Antonia fue confinada en solitario, a oscuras y con poca comida durante más de un año.
En 1784, después de que Avendaño huyera y buscara refugio en la Catedral de Canarias, Antonia escapó también de Santa Clara. Forzó la cerradura de su celda con un clavo, atravesó el convento y salió a la calle desde la iglesia para acogerse a sagrado en la Catedral. Posteriormente fue trasladada al convento de San Ildefonso, en Vegueta.
El caso enfrentó al padre provincial fray Antonio de Salinas con el Cabildo Catedralicio, que defendió a la procesada. La madre de Antonia acudió al rey Carlos III y el Consejo de Estado llegó a reconocer que las pruebas se basaban en “testigos demasiado débiles”, aunque también dictó resoluciones contrarias a la monja y sancionó a canónigos discrepantes.
En 1788, un Breve del papa Pío VI la absolvió de toda pena eclesiástica y le permitió trasladarse a otro convento o secularizarse. Desde entonces se pierde su rastro. La historia mantiene una relación indirecta con Ingenio por formar parte de la memoria histórica de Gran Canaria, aunque los hechos se desarrollaron en Las Palmas y Vegueta.
Información elaborada a partir de La Provincia.