Tosantos: las tradiciones murcianas de Todos los Santos que anticiparon el Halloween
Las costumbres murcianas de 'Tosantos': habitaciones para las ánimas, la orillica del quijal, calabazas de las ánimas y huesos de santo.
Mucho antes de que el Halloween importado llegara a las calles, la Región de Murcia ya tenía su propia celebración de Todos los Santos, conocida como 'Tosantos'. Según el texto original publicado por La Verdad, la festividad reunía un conjunto de rituales de huerta que combinaban el recogimiento por los difuntos con la travesura y la convivencia vecinal, y que hoy resisten en algunas pedanías murcianas.
Entre las costumbres descritas está la de preparar una habitación con sábanas limpias y mariposas de aceite encendidas para que los difuntos de la familia pudieran descansar en su antiguo hogar durante unas horas. Los niños de los carriles también recorrían las huertas pidiendo hortalizas y frutos de puerta en puerta, al grito de «¡La orillica del quijal!», y los vecinos respondían con panochas, granadas o coronas de pipas.
El texto recuerda además las calabazas de las ánimas, talladas y con una vela en su interior, colocadas en los cruces de las veredas, así como los robos de macetas que los enamorados dejaban como obsequio en las puertas de sus novias. El 'Levante Agrario' ya documentaba esta tradición de la orillica en 1935.
En la mesa, la gastronomía tenía un papel destacado: gachas, arrope, calabazate, tostones con anís y los huesos de santo, cuya elaboración artesanal en obradores como 'La Milagrosa' podía requerir hasta veinte días de trabajo, según el relato. El cronista Díaz Cassou ya citaba en 1888 la devoción local por estos platos en la festividad.
En los cementerios, las tumbas se adornaban con amarantos, conocidos en la huerta como «mocos de pavo», y los auroros iniciaban el Ciclo de Difuntos entonando sus salves. La jornada era además un acontecimiento social, el día para estrenar ropa y encontrarse entre tumbas con vecinos y conocidos.
Información elaborada a partir de La Verdad.