El impacto psicológico de dos accidentes ferroviarios mortales en nueve meses
Dos accidentes ferroviarios mortales en nueve meses generan miedo acumulativo y pérdida de confianza en el tren, según una psicóloga del GIPED.
El accidente de trenes de Urda (Toledo) es la segunda gran tragedia ferroviaria vivida en España en menos de un año. En nueve meses han muerto 115 personas en las vías de Alta Velocidad. El último siniestro, el 28 de octubre, fue el choque entre un Iryo y un AVE, por diferentes motivos. Según explica el texto original, tiene un impacto psicológico inmediato en la sociedad y supone una «reactivación emocional» de lo vivido en enero en Adamuz (Córdoba), además de un fenómeno conocido como «miedo acumulativo».
Rocío Aceituto, miembro del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, advierte a El Correo de Andalucía de que «el impacto psicológico no se limita a las víctimas». Entre la población pueden surgir miedo, tristeza y rabia, así como culpa y alivio en quienes, por cualquier motivo, no llegaron a subirse al tren. También puede extenderse la percepción de que una tragedia similar pueda repetirse, lo que genera una sensación de miedo generalizado, incluso al entrar en una estación o al oír el ruido de un tren.
La pérdida de confianza en la red ferroviaria es una de las consecuencias más evidentes. Según la especialista, no existe un tiempo exacto para recuperarla, ya que depende de la situación y del grado de proximidad de cada persona con la tragedia. Aceituto explica que el cerebro no evalúa datos estadísticos: aunque los accidentes ferroviarios sean proporcionalmente poco frecuentes, la respuesta neurológica ante un suceso así no depende solo de la probabilidad de que vuelva a ocurrir.
El texto subraya que parte de la recuperación de la confianza depende también de la existencia de garantías por parte de los responsables de la gestión ferroviaria, más allá de la labor de los profesionales sanitarios. Como ejemplo, se recoge el caso de Carmen, una pasajera que viajaba en los trenes que chocaron en Toledo y también en uno de los que colisionaron en Adamuz. Salió ilesa de ambos siniestros, pero, según explicó una sanitaria de Cruz Roja en el programa En Boca de Todos, de Cuatro, está «muy afectada por lo sucedido». Aunque la probabilidad de que algo así vuelva a ocurrir es baja, la experiencia puede provocar una reexperimentación del trauma, es decir, que la herida que estaba cerrada se reabra.
Aceituto añade que no hace falta haber vivido la catástrofe en primera persona para sentir este tipo de respuestas. La exposición indirecta, sobre todo en personas con experiencias traumáticas previas o con relación cercana a las víctimas, también puede tener consecuencias emocionales. Por ello, recomienda evitar la sobreexposición informativa y validar el miedo en lugar de minimizarlo, diferenciando siempre entre el riesgo real y el riesgo percibido.
Información elaborada a partir de Diario de Ibiza.