Heriberto Quiñones, el agente soviético que vivió en el Molinar
La historia de Heriberto Quiñones, agente soviético y dirigente comunista que vivió en el Molinar junto a Aurora Picornell.
Heriberto Quiñones, agente de la Internacional Comunista y dirigente del PCE en Baleares, se instaló en el barrio palmesano del Molinar durante la Segunda República. Allí vivió en casa del comunista Pere Canals y mantuvo una relación con Aurora Picornell, una de las figuras más destacadas del movimiento obrero y feminista de Mallorca.
La trayectoria de Quiñones ha sido reconstruida por el historiador David Ginard en el libro Heriberto Quiñones y el movimiento comunista en España (1931-1942), publicado en 2000. Su identidad nunca quedó clara: habría nacido en Besarabia, actual Moldavia, y utilizó varios nombres y pasaportes antes de aparecer en Mallorca en 1931 como Heriberto Quiñones González.
En 1932 comenzó a cortejar a Picornell, pese a las diferencias que mantenía con el padre de ella, Gabriel, también militante comunista. La pareja se trasladó temporalmente a Valencia y regresó al Molinar en 1933, donde nació su única hija, Octubrina Roja. Quiñones fue detenido y encarcelado en varias ocasiones por su condición de apátrida y por su actividad política.
Desde 1934 se convirtió en el principal dirigente del PCE en Baleares, aunque sus compañeros lo acusaron de sectarismo y de mantener una actitud beligerante con otras fuerzas de izquierdas. Tras el estallido de la Guerra Civil, participó desde Barcelona en la organización del desembarco del capitán Bayo en Portocristo y después se trasladó a Menorca, donde encabezó un PCE debilitado.
Mientras estaba en Menorca intentó conseguir la liberación de Aurora Picornell, encarcelada en Palma, pero no lo logró. Picornell fue fusilada el 5 de enero de 1937 en el cementerio de Manacor junto a Catalina Flaquer y sus hijas Antònia y Maria, conocidas como las Roges del Molinar, además de Belarmina González. También fueron asesinados el padre y dos hermanos de la dirigente comunista.
Quiñones fue detenido y torturado varias veces después de la guerra. En 1942, un consejo de guerra lo condenó a muerte y fue fusilado el 2 de octubre ante el cementerio del Este de Madrid. Según David Ginard, tuvo que ser atado a una silla porque no podía mantenerse en pie y, en el último momento, gritó «Viva la Internacional Comunista».
Información elaborada a partir de Ara Balears.