La Amazonia emite más carbono del que absorbe, según quince años de datos
Quince años de datos y 1.017 perfiles atmosféricos muestran que la Amazonia emite más CO₂ del que absorbe, por deforestación y fuegos.
La Amazonia está liberando a la atmósfera más CO₂ del que consigue retirar, según una investigación basada en quince años de observaciones. El territorio, conocido como el "pulmón verde" de la Tierra, presenta un balance que debilita su papel como freno al calentamiento global. El estudio, encabezado por Luciana Gatti, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, analizó el periodo 2010-2024 y se publicó en la revista Nature.
Los autores concluyen que, de media, la región emitió 320 millones de toneladas de carbono al año, con un margen de incertidumbre de 80 millones. La captura de CO₂ no bastó para compensar las emisiones de los incendios y otras perturbaciones. Según la investigación, la deforestación, la degradación del bosque y las quemas asociadas a las actividades humanas tienen un papel dominante. El calor y las sequías agravan estos efectos, pero no explican por sí solos el desequilibrio.
El equipo recogió 1.017 perfiles atmosféricos mediante vuelos en cuatro zonas de la Amazonia, con avionetas que tomaron muestras de aire a alturas de entre unos 300 y 4.400 metros. El análisis del dióxido y el monóxido de carbono permitió estimar los intercambios con la atmósfera y distinguir la contribución del fuego.
Por tipo de año, el balance se acercó a la neutralidad en los años húmedos y con poca perturbación humana, aunque con emisiones netas medias de 110 millones de toneladas anuales. Entre 2019 y 2022, con fuerte intervención humana, la cifra llegó a 430 millones, y en los años cálidos y secos con muchos incendios alcanzó los 490 millones. La diferencia entre estos dos últimos grupos no fue estadísticamente significativa.
El estudio también advierte de que la deforestación reduce el agua que devuelve la vegetación a la atmósfera, lo que favorece menos lluvias, más calor y una estación seca más larga. El año 2024 ilustra el problema: aunque la deforestación había disminuido, la región registró las mayores emisiones de la serie y la mayor superficie quemada desde 2010, en un contexto de El Niño y un Atlántico tropical norte anormalmente cálido.
Los investigadores precisan que no demuestran que toda la Amazonia haya cruzado un punto de no retorno, pero sí que reducir la tala no basta si continúan las quemas y la degradación. Reclaman deforestación cero, controles más estrictos sobre el fuego y restauración forestal para recuperar la capacidad de la región de almacenar carbono.
Información elaborada a partir de Diario de Ibiza.