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Sanidad

La esofagitis eosinofílica tarda años en diagnosticarse y se confunde con el reflujo

Dificultad para tragar o comida atascada pueden indicar esofagitis eosinofílica, una enfermedad que tarda 2-3 años en diagnosticarse según la SEAIC.

Redacción automática · Palma 2 min de lectura

La dificultad para tragar o la sensación de que la comida se queda atascada en el esófago pueden ser síntomas de la esofagitis eosinofílica, una enfermedad inflamatoria crónica que suele tardar entre dos y tres años en diagnosticarse desde la aparición de los primeros síntomas. Así lo han advertido especialistas de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que han abordado esta patología durante el Simposio Internacional SEAIC 2026, celebrado en Maspalomas (Gran Canaria).

La enfermedad se produce cuando el sistema inmunitario desencadena una respuesta inflamatoria en el esófago, con acumulación de células defensivas llamadas eosinófilos que dificultan el paso de los alimentos. Durante años se confundió con el reflujo gastroesofágico, pero hoy se sabe que se trata de un trastorno distinto, relacionado principalmente con la reacción inmunitaria frente a determinados componentes de los alimentos.

Según los datos citados, en las poblaciones occidentales la prevalencia se sitúa entre 40 y 150 casos por cada 100.000 habitantes. En adultos jóvenes, los signos más característicos son la dificultad progresiva para tragar alimentos sólidos y los episodios en los que la comida queda atascada. En niños pequeños puede manifestarse con vómitos o rechazo de los alimentos.

"El diagnóstico de esta patología suele ser tardío, con una media de 2-3 años desde la aparición de la sintomatología", explica el doctor Ignacio Dávila, jefe del Servicio de Alergia del Hospital Universitario de Salamanca. El retraso se debe, en muchos casos, a que los pacientes modifican su forma de comer para evitar las molestias sin saber que padecen una enfermedad. "El problema es que la inflamación mantenida puede provocar cambios en la estructura del esófago, hasta llegar a estrecharlo y dificultar todavía más el paso de los alimentos", advierte el especialista.

Entre las opciones de tratamiento figuran la retirada de uno o dos grupos de alimentos, principalmente la leche y el trigo, con tasas de respuesta cercanas al 60%; los inhibidores de la bomba de protones, eficaces en aproximadamente la mitad de los pacientes, y los corticoides deglutidos. Con la budesonida en comprimidos orodispersables, las tasas de remisión de la inflamación superan el 85%, según el doctor Dávila. También se emplean terapias biológicas como dupilumab, que ha demostrado mejorar la función del esófago y reducir las células inflamatorias.

Los especialistas trabajan ahora en métodos de diagnóstico y seguimiento menos invasivos que las endoscopias, basados en la recogida de muestras y en la búsqueda de indicadores biológicos en sangre, heces u orina.

Información elaborada a partir de Diario de Mallorca.

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