La mentira política se normaliza y la indiferencia ciudadana erosiona la democracia
Una columna de Ultima Hora alerta de que la mentira política resulta cada vez más indiferente y de los riesgos que ello supone para la confianza y la democracia
Una columna de opinión publicada por Ultima Hora reflexiona sobre cómo la mentira en la vida pública ha dejado de tener el coste político que tuvo durante siglos. El texto, que toma como punto de partida la conocida frase atribuida a Solzhenitsyn, sostiene que hoy hay dirigentes que afirman una cosa y al día siguiente la contraria, y que lo hacen sin que ello les pase factura.
El autor señala que lo más inquietante no es solo que se mienta, sino que la mentira resulte indiferente. Según su planteamiento, la indignación dura poco, las críticas se comparten y la vida política sigue su curso, como si la falta de veracidad fuera un elemento más del paisaje.
El artículo subraya que la confianza y la mentira son incompatibles, y compara la situación con la de otros ámbitos de la vida cotidiana: nadie confiaría su patrimonio ni su diagnóstico médico a quien le engaña. Sin embargo, el texto critica que en la política se tolere lo que no se toleraría en otros terrenos, y que los votantes perdonen con frecuencia a los suyos y condenen solo lo que procede del adversario.
Para el autor, la confianza pública es un capital frágil. Cuando se quiebra, los ciudadanos dejan de creer en las instituciones, en los medios de comunicación y en los partidos, y en ese contexto la democracia corre el riesgo de deteriorarse. La columna concluye que donde la mentira es indiferente, el camino hacia la dictadura se va allanando sin hacer ruido.
Aunque el texto no aborda hechos concretos de ámbito local, su reflexión sobre la veracidad de los dirigentes públicos es aplicable a cualquier administración, incluido el debate político de la capital balear.
Información elaborada a partir de Ultima Hora.