Cómo se conseguía hielo en Las Palmas de Gran Canaria antes de los congeladores
Los pozos de nieve de Gran Canaria abastecieron de hielo a la capital desde el siglo XVII hasta la llegada de la fabricación industrial.
Antes de que existieran los congeladores, el hielo era un bien escaso en Gran Canaria. Según el investigador Salvador Miranda Calderín, que estudia la historia de los pozos de nieve de la isla, los dos primeros se construyeron a finales del siglo XVII, en 1694 y 1699, en terrenos donados por el capitán Alonso Navarro, en lo que hoy es el municipio de San Mateo. Los pozos pertenecían al Cabildo Catedral de Canarias.
Durante más de siglo y medio, hasta 1866, el hielo extraído de la cumbre se vendió en una nevería situada en la parte trasera de la Catedral de Santa Ana. La recolección dependía de que nevara, algo que según la documentación estudiada ocurrió en más de la mitad de los años de explotación, generalmente entre diciembre y abril. El trabajo de recogida duraba entre tres y cuatro días, con peones que amontonaban la nieve y pisoneros que la prensaban con moldes de madera y hierro, para después almacenarla entre capas de paja.
El hielo, que en algunos casos aguantaba hasta dos veranos, se transportaba a lomos de caballos en serones, con unos 74 kilos por animal. El viaje desde la cumbre hasta la ciudad duraba unas seis horas. A la llegada a Vegueta, parte del hielo se entregaba gratuitamente al clero y el resto se vendía al público.
Su uso no se limitaba a refrescar bebidas. Se empleaba también con fines médicos, para bajar la fiebre, aliviar inflamaciones y tratar contusiones y fracturas, además de en la atención a enfermos de cólera o meningitis. Incluso el agua del deshielo se controlaba: en el siglo XVIII se construyó una poseta para comprobar cuánto hielo se había derretido de verdad.
A finales del siglo XIX la fabricación industrial empezó a sustituir a los pozos, impulsada por la actividad portuaria y el crecimiento del Puerto de La Luz. Décadas después se levantó en La Isleta la Fábrica de Hielo, que abastecía a la flota pesquera. A mediados del siglo XX, con la electricidad y los frigoríficos, el frío llegó poco a poco a las casas y cambió la forma de comprar y cocinar.
Información elaborada a partir de La Provincia.