España y Marruecos mantienen una cooperación tensa pese a la crisis fronteriza
España y Marruecos mantienen una cooperación tensa tras la crisis de Ceuta, con el Sáhara y las fronteras como principales focos de conflicto.
España y Marruecos mantienen una relación marcada por la cooperación y la desconfianza tras la crisis migratoria de Ceuta, en un contexto en el que el Gobierno español sigue defendiendo el diálogo con Rabat. La posición sobre el Sáhara, la soberanía de Ceuta y Melilla y las aguas territoriales de Canarias continúan siendo los principales focos de tensión.
Fuentes de Moncloa aseguran que la comunicación entre ambos gobiernos es fluida y destacan la colaboración marroquí durante las primeras horas de la crisis, que permitió devolver a uno de cada diez migrantes que entraron de forma irregular. Sin embargo, Pedro Sánchez ha pedido revisar la cooperación y ha reconocido que el control fronterizo de Rabat “falló” durante los días 30 y 31.
El Ejecutivo combina esas críticas con el reconocimiento del “despliegue muy importante” de la gendarmería marroquí ante nuevas alertas de entradas masivas. El Gobierno sostiene que la colaboración ofrece más beneficios que la confrontación, aunque los grupos parlamentarios le reprochan una actitud demasiado complaciente con Marruecos.
La frontera es el principal termómetro de una relación bilateral cuyos altibajos también están vinculados al Sáhara. España respaldó en los últimos años la propuesta marroquí de autonomía para este territorio, con la referencia a las resoluciones de Naciones Unidas. Además, Madrid busca recuperar sus relaciones con Argelia, rival regional de Marruecos, después de que Sánchez se reuniera con el presidente Abdelmadjid Tebboune.
El Gobierno ha anunciado un encuentro en Nueva York entre el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita. También figura en la agenda para las próximas semanas una visita del Rey a Ceuta y Melilla, cuya reacción en Rabat se sigue con cautela, ya que la última visita, en 2007, provocó la retirada del embajador marroquí en Madrid.
La evolución de esta relación afecta al conjunto de España, también a Galicia y a Pontevedra, por sus implicaciones en la política exterior, la gestión migratoria y la posición del país dentro de la Unión Europea. El Ejecutivo insiste en que los vínculos con Marruecos son demasiado importantes para romperse, pese a que continúan siendo tensos y conflictivos.
Información elaborada a partir de Faro de Vigo.