Murviedro consolida en Requena su apuesta por los vinos autóctonos
Murviedro se acerca a su primer siglo con una trayectoria marcada por su traslado a Requena y la apuesta por variedades autóctonas.
Bodegas Murviedro se prepara para alcanzar su primer siglo de trayectoria y tiene en Requena uno de los puntos clave de su evolución. La compañía trasladó sus instalaciones desde El Grao hasta la localidad requenense en 1997, un cambio que modificó sus estrategias y orientó su producción hacia variedades autóctonas.
La bodega, filial del grupo suizo Schenk, comenzó dedicándose a la exportación de vinos a granel y abrió mercados en los cinco continentes. Con el paso de las décadas, y bajo la dirección de Michel Grin, completó una colección de vinos antes de iniciar una nueva etapa vinculada a Requena.
Tras el traslado, Murviedro apostó por uvas como la Bobal, la Monastrell, la Merseguera y el Moscatel, además de incorporar técnicas de vinificación avanzadas. Vinos como Las Lomas y Coronilla contribuyeron a definir esta nueva etapa, mientras que desde 2002 la empresa utiliza la denominación Bodegas Murviedro.
En la actualidad, la compañía basa algunas de sus líneas más expresivas en viñedos viejos de la zona. Entre ellas figura Sericis, una colección de cinco vinos formada por dos blancos, un rosado de Pinot Noir y dos tintos elaborados con Bobal y Monastrell.
Murviedro también produce vinos de parcela como el tinto de Bobal La Casa de la Seda, los blancos Vallejo Avenas y Cañada de La Torres, y los tintos Finca El Serrano y CV05. La bodega presenta estas elaboraciones como vinos concebidos para acompañar la gastronomía mediterránea.
Información elaborada a partir de Levante-EMV.