El deshielo de Groenlandia podría dejar al descubierto los residuos de una base militar de EE. UU. de la Guerra Fría
Un estudio sitúa el deshielo de Groenlandia como posible amenaza para los residuos de la base militar estadounidense Camp Century, abandonada en 1967.
Bajo la capa de hielo de Groenlandia permanecen los restos de Camp Century, una base militar estadounidense abandonada en 1967 que dejó residuos químicos y radiactivos. Un nuevo estudio publicado en la revista Climate of the Past, liderado por la Universidad de Buffalo, demuestra que esa zona estuvo libre de hielo hace unos 416.000 años, durante un periodo interglacial conocido como estadio isotópico marino 11 (MIS 11), cuando el clima era más cálido. La investigación ayuda a entender la sensibilidad del casquete glaciar al calentamiento prolongado, aunque no implica que los residuos vayan a quedar expuestos antes de 2100.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron biomarcadores lipídicos, moléculas grasas producidas por bacterias que se conservan en el sedimento y cuya composición varía con la temperatura. Según los resultados, la temperatura estival de entonces fue unos 4,7 °C superior a la actual, y el hielo tuvo que retroceder más de 100 kilómetros respecto a su borde actual en esa región para que el sedimento quedara expuesto a la luz solar. Las muestras proceden de las perforaciones realizadas en los años sesenta.
Según una nota de prensa, Groenlandia vivió veranos de condiciones similares entre hace 5.000 y 10.000 años, y aun así el área donde se construyó Camp Century permaneció cubierta de hielo. La diferencia podría estar en la duración del calentamiento, que hace 416.000 años pudo mantenerse durante decenas de miles de años, dando al glaciar más tiempo para retroceder.
Camp Century se construyó en 1959 como instalación subterránea del Ejército de Estados Unidos, en el marco del Proyecto Iceworm, que contemplaba desplegar misiles nucleares bajo el hielo. El plan se descartó, pero la base funcionó de forma estacional hasta 1967. Un inventario estimó que quedaron bajo el hielo unas 9.200 toneladas de estructuras y material, cerca de 200.000 litros de combustible diésel, aguas residuales y compuestos tóxicos como los bifenilos policlorados (PCB) y refrigerante radiactivo.
La preocupación ambiental es que el deshielo y el movimiento del agua puedan movilizar esos restos. Un estudio anterior advirtió de que, con emisiones elevadas, la superficie podría pasar de acumular nieve a perder masa. Sin embargo, un análisis posterior concluyó que los residuos seguirían enterrados a unos 58 o 64 metros de profundidad en 2100 y que era extremadamente improbable que el agua de deshielo llegara hasta ellos antes de esa fecha.
Los autores subrayan que las proyecciones para finales de siglo varían según las emisiones y no son directamente equivalentes a la reconstrucción de hace 400.000 años. Aun así, la evidencia paleoclimática refuerza la advertencia de que importan tanto la intensidad del calentamiento como el tiempo durante el que se mantiene.
Para Santa Cruz de Tenerife, como capital de una provincia insular, se trata de una noticia de alcance global sobre el cambio climático, sin relación directa con el territorio local.
Información elaborada a partir de El Día.