El salario mínimo entre el empleo y la productividad: un debate que pide menos trincheras
El Gobierno plantea subir el salario mínimo a 1.286 euros en 2027. Un análisis sobre sus efectos en el empleo, la productividad y las microempresas canarias.
El salario mínimo interprofesional (SMI) vuelve al centro del debate económico con una propuesta del Gobierno para elevarlo a 1.286 euros mensuales en 2027, un 5,3% más que los 1.221 euros actuales en catorce pagas. El artículo de opinión publicado por El Día recuerda que desde 2018 el SMI ha crecido en torno a dos tercios, con un salto inicial del 22,3% que, según el texto, muchas voces auguraron como una catástrofe y que no lo fue.
El autor reconoce que la medida ha cumplido su función de elevar los sueldos más bajos y devolver poder adquisitivo a quienes menos cobran, aunque subraya que el mínimo no es gratuito. Según los análisis que cita, existe un efecto negativo moderado sobre el empleo que se concentra en la juventud que busca su primer contrato, en personas mayores con baja cualificación y, sobre todo, en los negocios muy pequeños, con menos margen para trasladar costes.
Otro punto destacado es que el salario mínimo se ha convertido en el salario más frecuente de la economía española, lo que puede leerse como un éxito, pero también como síntoma de una negociación colectiva dormida en los tramos bajos. El texto sostiene que una herramienta de este tipo puede redistribuir, pero no crear productividad, por lo que subidas por encima de la productividad acaban trasladando el ajuste a otros ámbitos.
En el caso de Canarias, el artículo señala que la combinación de salarios por debajo de la media estatal, un tejido empresarial dominado por microempresas y una fuerte dependencia de los servicios hace que la misma subida pese de forma muy distinta según el tipo de negocio. El autor critica además la forma de decidir cada año y reclama más diálogo social, pues el acuerdo de 2020 con sindicatos y patronal tuvo mayor respaldo.
Para Santa Cruz de Tenerife, como capital de una provincia con un peso notable del turismo y el pequeño comercio, la discusión tiene relevancia directa en las nóminas y en la contratación de los sectores de servicios. El texto concluye que el salario mínimo no es ni la panacea ni la catástrofe, y que hacen falta políticas que apoyen a la microempresa, la formación profesional y una negociación colectiva más activa.
Información elaborada a partir de El Día.