De las clases de mecanografía a la productividad de la inteligencia artificial
Un recuerdo de las clases de mecanografía sirve para analizar el avance tecnológico y el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo.
Las antiguas clases de mecanografía, impartidas incluso en horarios poco habituales, sirven como punto de partida para reflexionar sobre cómo han cambiado el aprendizaje y el trabajo con la llegada de la tecnología y la inteligencia artificial.
El texto recuerda la experiencia de un adolescente que acudía los sábados por la mañana a practicar en un colegio situado entre trigales y junto a un canal de alivio de los afluentes urbanos del Guadalquivir. Aunque no había autobús para llegar, aquellas sesiones permitían mejorar con ejercicios repetitivos como «asdfgf» y «awertr».
Años después, ya durante una mili en el Centro de Instrucción de Reclutas de Camposoto, empleó sus conocimientos para redactar declaraciones de la renta de los sargentos. Su particular forma de teclear, utilizando sobre todo los índices, le valió la comparación con un pollo picando el suelo.
La evolución tecnológica fue desplazando aquellas herramientas. El ordenador IBM sustituyó a la máquina de escribir, mientras que la fotocopiadora y la impresora acabaron con el papel de calca. Sin embargo, el IRPF continúa vigente, como recuerda el autor.
El artículo plantea finalmente que la inteligencia artificial está convirtiendo en un arcaísmo la destreza adquirida mediante la práctica, así como la curiosidad, la indagación y la memoria. Su capacidad para aumentar la productividad también obliga a preguntarse por el tiempo libre y la vagancia que puede generar todo aquello que resulta demasiado fácil.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.