La crisis de la vivienda que ya golpeaba a Sevilla en el siglo XVIII
Sevilla ya afrontaba en el siglo XVIII alquileres elevados, subarriendos y falta de viviendas en las zonas con mayor demanda.
Sevilla ya sufría en el siglo XVIII alquileres elevados, escasez de viviendas en las zonas más demandadas y subarriendos lucrativos. El problema, que hundía sus raíces en el crecimiento de la ciudad durante el siglo XVI, llegó incluso al Consejo de Castilla.
Durante el esplendor sevillano del XVI, la población aumentó con rapidez y varias familias comenzaron a compartir inmuebles. El padrón de 1561 contabilizó 11.558 casas y 19.143 vecinos, entendidos como unidades familiares o cabezas de hogar. Los corrales de vecinos ofrecían alojamiento a los sectores más modestos alrededor de un patio común.
La peste de 1649 y la decadencia económica despoblaron la ciudad durante el siglo XVII, hasta el punto de que aparecieron solares y huertas en barrios antes populosos. Sin embargo, en el XVIII la población volvió a crecer y la existencia de solares o edificios ruinosos no evitó la falta de viviendas adecuadas en las zonas donde se concentraba la demanda. El terremoto de Lisboa de 1755 agravó los daños en parte del caserío.
En 1761, el Asistente de Sevilla reconocía la escasez de casas y el elevado precio de los arrendamientos. La situación era especialmente grave en el área comercial situada aproximadamente entre la Catedral, el Salvador, la plaza de San Francisco y la calle Francos, donde algunos gremios debían concentrar sus tiendas.
Los mercaderes de lencería y pañería denunciaron en 1777 que los propietarios limitaban los contratos a dos o tres años. Además de la renta, se exigían los llamados “guantes”, pagos extraordinarios que podían superar el alquiler. El Hospital de la Sangre, por ejemplo, arrendó una casa a Manuel de Mier por cien ducados anuales; este la subarrendó por trescientos y llegó a reclamar hasta cien doblones por las renovaciones.
Las autoridades estudiaron tasar los alquileres, limitar estas prácticas, garantizar la continuidad de los contratos y construir nuevas viviendas. Una propuesta planteó levantar 65 edificios en la antigua Laguna, aproximadamente la actual calle Castelar, para sustituir a los 108 inmuebles que ocupaban entonces los mercaderes. La experiencia histórica muestra que Sevilla podía tener casas y suelo disponibles y, aun así, padecer falta de vivienda allí donde más se necesitaba.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.