La ópera de Gounod lleva el drama de Romeo y Julieta a la Italia de 1945
La producción de Romeo y Julieta procedente de la Ópera de Roma destaca por su lirismo, su puesta en escena austera y un sólido reparto.
La ópera Romeo y Julieta, de Charles Gounod, llega en una producción escénica procedente de la Ópera de Roma, dirigida por Luca de Fusco y ambientada en la Verona de los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, integrada en la República de Salò.
La propuesta mantiene el núcleo trágico de la historia de amor y traslada la acción a un escenario casi desnudo y oscuro. La ambientación histórica apenas se refleja más allá del vestuario y de la pistola utilizada en el asesinato de Tibaldo, mientras que el balcón de Julieta aparece reducido a un andamio.
La escenografía fija del fondo y las proyecciones sobre ella y sobre el tul de boca completan un montaje de movimientos actorales esquemáticos. Entre los momentos más logrados destacan las escenas corales y la escena final, reforzada por una iluminación de carácter casi religioso.
En el apartado musical, Yankevych apostó por un fraseo cuidadoso y por un sonido orquestal delicado y cristalino, con tempos ajustados y dinámicas contenidas para equilibrar la orquesta y las voces.
Minasyan destacó por la belleza de su voz, ligera en el vals inicial e intensa en el desenlace, mientras que Breslik ofreció un canto de brillo excepcional y gran expresividad. También sobresalieron la voz sedosa de Capitelli, la rotundidad y el color de Merino y la prestancia de Bahg, Lisin y Fassi.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.