Cañada Rosal ilumina Halloween con farolillos hechos de melones
Cañada Rosal mantiene una tradición singular: convertir melones tardíos en farolillos para iluminar sus calles la noche del 31 de octubre.
Cañada Rosal, en la provincia de Sevilla, mantiene una singular tradición para la noche del 31 de octubre: sus vecinos sustituyen las calabazas de Halloween por melones convertidos en farolillos iluminados.
La costumbre está vinculada al pasado centroeuropeo del municipio, fundado a finales de 1769 con familias procedentes de distintos territorios europeos por iniciativa de Carlos III. Sus tradiciones podrían relacionarse con los farolillos de San Martín, una celebración extendida en países del centro y el norte de Europa.
Hasta la década de los 60, los mayores preparaban estos farolillos para los niños con melones tardíos que quedaban en los huertos y que, por sus características, no se destinaban a la venta ni al consumo humano. En ocasiones, estos frutos terminaban sirviendo como alimento para los animales.
Las familias empezaron a utilizar los melones para crear lámparas artesanales y la práctica se ha transmitido de generación en generación. En la actualidad, los frutos del huerto se vacían y se iluminan para recorrer las calles del municipio al caer la noche.
La tradición se conserva mediante talleres y actividades en los que las personas mayores enseñan a los más pequeños a confeccionar los farolillos. La Asociación Cultural Las Crujientes, el Ayuntamiento y la residencia de mayores San Joaquín y Santa Ana participan en esta iniciativa.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.