Tarragona estrenará en enero nuevos equipos para medir contaminantes y fijar umbrales de riesgo en 2027
Tarragona tendrá en enero nuevos cromatógrafos para medir benceno y otros contaminantes, con datos en 2027 para fijar umbrales de riesgo.
El Camp de Tarragona estrenará en enero nuevos equipos para ampliar la vigilancia de la contaminación atmosférica en el entorno petroquímico. Los cromatógrafos, ya instalados, permitirán medir de forma continuada distintos compuestos y generar durante 2027 los datos necesarios para establecer umbrales de riesgo. El despliegue supondrá alrededor de 800.000 mediciones adicionales al año y una inversión inicial de cerca de un millón de euros.
La Taula de la Qualitat de l'Aire del Camp de Tarragona, reunida este viernes en La Pobla de Mafumet tras cuatro años inactiva, ha abordado la puesta en marcha de este sistema, que estará plenamente operativo durante el primer semestre del próximo año. La Generalitat trabaja con el Departament de Salut para determinar qué concentraciones pueden considerarse de riesgo, aunque los límites legales y las posibles sanciones dependen de la normativa europea.
La principal novedad será disponer de mediciones continuas de sustancias tóxicas como el 1,3-butadieno y el óxido de etileno. El despliegue contempla cuatro cromatógrafos de gases para medir benceno, que se instalarán en Sant Salvador, la Laboral, Bonavista y el IES Vila-seca, y otros seis equipos para detectar óxido de etileno y 1,3-butadieno en Constantí, Perafort-Puigdelfí, Bonavista, la Laboral, Sant Salvador y el IES Vila-seca. A ello se sumarán cinco estaciones portátiles para campañas de medición combinada de benceno y 1,3-butadieno en La Canonja, El Morell, La Pobla de Mafumet, La Pineda y Vilallonga del Camp.
Actualmente, el benceno es el único de estos contaminantes con un límite legal de inmisión específico (5 microgramos por metro cúbico de media anual) y se mide de forma continuada, aunque solo en Constantí y Perafort. También se analiza manualmente en El Morell, La Canonja, Reus, Tarragona y Vila-seca. Por otra parte, la Generalitat realiza campañas periódicas de vigilancia de compuestos orgánicos volátiles (COV) que incluyen el seguimiento del 1,3-butadieno, pero no del óxido de etileno.
La inversión inicial roza el millón de euros, a la que se sumarán unos 350.000 euros anuales para el mantenimiento y el funcionamiento del sistema. Según las cifras expuestas por la consellera de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, Sílvia Paneque, el dispositivo permitirá añadir unas 800.000 mediciones anuales a las que ya se realizan en el Camp de Tarragona. La red actual cuenta con 13 puntos de medición distribuidos en ocho municipios y controla 117 parámetros, con cerca de 3,2 millones de registros al año.
Paneque ha explicado que el Govern y el Departament de Salut trabajan conjuntamente para establecer umbrales de riesgo bajo, medio y alto, con reuniones mensuales y revisión de bibliografía científica internacional. Ha advertido de que «dar datos sin tener referencias y sin un histórico no tiene la validez científica suficiente», y ha añadido que «ahora tenemos los equipos, tenemos las personas y ahora empiezan las lecturas». Además, ha subrayado que la regulación de las concentraciones permitidas corresponde al ámbito europeo: «La normativa viene de Europa y debe ser así».
La reunión se ha celebrado sin los grupos ecologistas GEPEC-EdC y la Plataforma Cel Net, que han rechazado asistir por la falta de resultados tangibles de lo que definen como un mecanismo político ineficaz. El Govern prevé convocar una nueva reunión en nueve o doce meses y, paralelamente, incorporará una estación de la Xarxa de Vigilància i Previsió de la Contaminació Atmosfèrica en El Serrallo, prevista para el primer semestre de 2027.
Información elaborada a partir de Diari de Tarragona.