De la falta de alertas en 2024 al exceso de avisos ante las nuevas danas
La Comunitat Valenciana afronta el reto de equilibrar alertas y confinamientos tras la tragedia de 2024 y las danas de 2026.
La gestión de las emergencias en la Comunitat Valenciana ha pasado, en opinión del texto, del silencio y la tardanza durante la dana del 29 de octubre de 2024 a una sucesión de alertas y medidas preventivas en 2026. La riada causó 233 muertes y dejó una huella psicológica que todavía afecta a parte de la población, especialmente cuando llueve o suenan las alertas móviles.
El artículo recuerda que el aviso rojo de AEMET estaba activo desde primera hora del 29 de octubre de 2024 y que la Confederación Hidrográfica del Júcar comunicó la necesidad de liberar agua de Forata. Sin embargo, el ES-Alert no llegó a los teléfonos hasta las 20:11 horas, cuando ya había personas fallecidas o atrapadas. La conclusión que plantea es que una alerta enviada cuando el agua ya entra en las viviendas deja de cumplir su función.
La reacción social volvió a ser especialmente sensible el 16 de septiembre de 2026, cuando un ES-Alert enviado a las 22:08 durante una tormenta en el área metropolitana fue considerado tardío por parte de la ciudadanía. Aunque el episodio no era comparable técnicamente con el de 2024, el texto considera comprensible el miedo acumulado tras aquella tragedia.
En el episodio de la dana Adam, el 19 de octubre de 2026, la Generalitat Valenciana envió alertas de madrugada y decretó un confinamiento obligatorio en dos zonas completas de aviso de AEMET. La medida afectó a áreas desde Pego y Oliva, donde se superaron los 600 litros por metro cuadrado en un día, hasta municipios de la Ribera como Almussafes, Sollana y Algemesí. El artículo sostiene que algunas decisiones pudieron ser excesivas y que el confinamiento en la Ribera llegó tarde.
El texto defiende revisar el alcance territorial y la proporcionalidad de las medidas para evitar tanto la falta de respuesta de 2024 como una estrategia basada en alertar indiscriminadamente por miedo a asumir responsabilidades. También reclama formar a responsables políticos, técnicos y ciudadanía, mejorar la autoprotección y reforzar unas instituciones capaces de gestionar el riesgo sin trasladar el miedo a la población.
Información elaborada a partir de Levante-EMV.