Un estudio reivindica el periodismo de guerra de Miguel Hernández
Un estudio de Riera Ginestar analiza los artículos de guerra de Miguel Hernández y su papel como precursor del Nuevo Periodismo.
Riera Ginestar ha recopilado y comentado los escritos periodísticos de Miguel Hernández durante la Guerra Civil, una producción publicada entre principios de 1937 y finales de 1938. El análisis destaca al poeta como cronista de guerra y señala que su estilo anticipó rasgos del llamado Nuevo Periodismo de los años sesenta.
Los textos ofrecen, en primera persona, información sobre la vida cotidiana en las trincheras y el desarrollo de la contienda. Estaban dirigidos principalmente a milicianos, campesinos y obreros, no a los lectores de la retaguardia, y fueron escritos en condiciones marcadas por las incomodidades y los riesgos del frente.
Hernández colaboró con publicaciones del Comisionariado de Guerra, con Unión Radio Madrid y con Altavoz del Frente. También ejerció como miliciano de cultura y comisario político. Según el estudio, sus artículos combinan la mirada del poeta con la del activista y presentan un carácter subjetivo y personal poco habitual en la prosa propagandística de la época.
El recorrido biográfico refleja una transformación ideológica rápida. Hasta 1935 había publicado en medios católicos y conservadores, como El Gallo Crisis, dirigida por Ramón Sijé. Después de instalarse en Madrid, sus nuevas relaciones con escritores como Neruda, Alberti y Aleixandre, además de su vínculo con las Misiones Pedagógicas, influyeron en su evolución.
En 1937 fue nombrado director del grupo de teatro universitario La Barraca y viajó a Rusia entre agosto y octubre por el V Festival de Teatro Soviético. En diciembre cubrió la toma de Teruel por el ejército republicano. El estudio sostiene que sus prosas bélicas contribuyeron posteriormente a la causa penal que acabó con una sentencia de muerte, y que murió privado de libertad en el Reformatorio de Adultos de Alicante.
Durante la primavera de 1938, sus fuertes dolores de cabeza llevaron a su ingreso en el hotel Vorarmar, habilitado como hospital en la playa de Benicàssim, donde coincidió con Buero Vallejo. El trabajo sitúa así en la provincia de Castellón uno de los episodios de la etapa final de su actividad durante la guerra, un aspecto de interés para los lectores valencianos por la presencia del poeta en distintos escenarios de la Comunitat.
Información elaborada a partir de Levante-EMV.