Cómo devolver la textura líquida a la miel cristalizada sin estropearla
La miel cristalizada no está necesariamente mala: así puedes recuperar su textura con un baño maría suave y sin superar los 45 grados.
La miel puede cristalizarse y perder su textura líquida sin que eso signifique que esté en mal estado. Este proceso natural depende de su composición, de la temperatura y de la presencia de partículas como el polen, según explican en Reina Apícola.
El equilibrio entre glucosa y fructosa influye en la aparición de cristales, al igual que las condiciones de conservación. Por ello, no todas las mieles cristalizan del mismo modo y este cambio puede ser compatible con una manipulación mínima del producto.
Para recuperar la fluidez, se recomienda calentar el tarro al baño maría de forma suave, sin superar los 45 grados. Lo aconsejable es introducir un recipiente de vidrio bien cerrado en agua tibia, entre 35 y 40 grados, durante 10 o 20 minutos, removiendo la miel con una cuchara limpia.
Si permanecen algunos cristales finos, el proceso puede repetirse. Después, conviene secar el tarro y conservarlo a una temperatura de entre 18 y 22 grados, en un lugar protegido de la luz y con la tapa bien cerrada.
Los expertos desaconsejan utilizar el microondas directamente, emplear agua a más de 45 grados o guardar la miel en el frigorífico, ya que el frío acelera la cristalización. Un calentamiento excesivo puede degradar sus enzimas y alterar su aroma, mientras que el microondas puede generar zonas sobrecalentadas.
La cristalización no siempre puede evitarse por completo, pero sí gestionarse con una temperatura estable cercana a los 20 grados y unas condiciones adecuadas de almacenamiento. Los envases tipo squeezer pueden facilitar el uso cuando la cristalización es ligera, y la miel batida ofrece una textura cremosa obtenida mediante un control específico del proceso.
Información elaborada a partir de La Opinión de Zamora.