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Economia

De una ferretería a los hogares del mundo: la historia de Ikea

Ikea pasó de vender bolígrafos por correo a revolucionar el mueble con el paquete plano, el diseño asequible y su expansión internacional.

Redacción · Cádiz 2 min de lectura

Ikea nació en 1943 vendiendo bolígrafos, medias y relojes por correo, mucho antes de convertirse en una de las mayores firmas internacionales de muebles. Su fundador, Ingvar Kamprad, comenzó su actividad comercial en la localidad sueca de Almhult, donde hoy un museo recorre la evolución de la compañía a través de 20.000 objetos.

Kamprad, nacido el 30 de marzo de 1926, tuvo desde niño una marcada vocación comercial. Vendía incluso los peces que pescaba y utilizaba una máquina de escribir para organizar a sus clientes y una bicicleta para transportar las mercancías. En 1948, el contexto de prosperidad de la Suecia de posguerra le llevó a centrarse en la venta de muebles para una población joven que necesitaba amueblar sus viviendas.

El primer catálogo de Ikea, publicado en 1948, ofrecía algunos sillones y mesas, además de bisutería y carteras de cuero argentino. La empresa defendía unos precios bajos gracias a la elevada facturación, la entrega directa desde fábrica y unos gastos fijos reducidos, en buena parte sostenidos por la colaboración de la familia Kamprad. El primer empleado, el contable Ernst Ekström, llegó a finales de ese año.

La firma buscó desde el principio reducir costes y mejorar la distribución. En 1951, el catálogo alcanzó una tirada de 285.000 ejemplares, y poco después Ikea abrió una exposición permanente en una antigua carpintería de Almhult. La llegada de Gillis Lundgren, primer diseñador de la compañía, fue decisiva: en 1956 propuso desmontar una mesa para que cupiera en el maletero de un coche, dando impulso al paquete plano y al montaje por parte del cliente.

En 1964, una revista de diseño de Estocolmo publicó un estudio que situaba una silla de Ikea, de poco más de tres euros, por encima de otra cinco veces más cara en durabilidad. El reconocimiento contribuyó a combatir las críticas sobre la calidad de sus productos. La expansión internacional comenzó en Escandinavia, con tiendas en Oslo en 1963 y Dinamarca en 1969, y continuó en Suiza, Alemania Occidental y Japón.

Kamprad plasmó la filosofía de la compañía en el Testamento de un comerciante de muebles, un texto dirigido a los trabajadores de Ikea que defendía la humildad, la sencillez y el diseño democrático. La empresa se expandió después mediante socios locales y franquicias, aunque el texto facilitado queda interrumpido al abordar la llegada de la marca a España. La historia, difundida por Europa Sur, tiene un interés indirecto para Cádiz al explicar el origen y la expansión de una marca presente en los hábitos de consumo de muchos hogares, sin aportar datos específicos de la provincia.

Información elaborada a partir de Europa Sur.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de Europa Sur · Ver original

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