El síndrome metabólico, un riesgo silencioso que conviene vigilar a partir de los 40 años
El síndrome metabólico puede avanzar sin síntomas a partir de los 40. Claves para detectarlo, prevenirlo y saber cuándo consultar al médico.
Cumplir 40 años no implica una pendiente descendente en la salud, pero el cuerpo puede empezar a dar señales que merecen atención. Entre ellas destaca el síndrome metabólico, un conjunto de alteraciones que aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares y que puede avanzar sin síntomas evidentes, mientras varios indicadores de salud se deterioran a la vez.
Según la información publicada por Noticias de Gipuzkoa, este trastorno no es una enfermedad aislada, sino la combinación de varios factores de riesgo: acumulación de grasa abdominal, hipertensión, alteraciones de los triglicéridos y del colesterol y niveles elevados de glucosa en sangre. Uno de los mecanismos implicados es la resistencia a la insulina, que obliga al organismo a producir más hormona para mantener el azúcar en niveles adecuados. La edad no es el único factor; la genética, el sedentarismo, la alimentación y el exceso de grasa visceral también influyen.
Para diagnosticarlo, los profesionales sanitarios valoran cinco criterios y consideran que una persona presenta el síndrome cuando reúne al menos tres de ellos: exceso de grasa abdominal, triglicéridos elevados, colesterol HDL bajo, presión arterial alta y glucosa elevada en ayunas. La medición periódica de la presión arterial y los controles preventivos son clave, ya que la hipertensión no siempre provoca síntomas.
La prevención pasa por cambios sostenidos en los hábitos cotidianos. El texto original recomienda una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva virgen extra, así como reducir las bebidas azucaradas, los dulces, los ultraprocesados y las grasas saturadas. La actividad física regular, como caminar a paso ligero, andar en bicicleta, nadar o bailar, junto con ejercicios de fuerza adaptados a cada persona, ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y el perfil lipídico.
El descanso también forma parte de la salud metabólica. Dormir poco de forma habitual y convivir con estrés persistente puede dificultar el control del apetito, la glucosa y el peso. Mantener horarios regulares y limitar las pantallas antes de acostarse son medidas recomendables.
Cuando los cambios de hábitos no son suficientes, el médico puede prescribir tratamientos para reducir la presión arterial, controlar el colesterol o los triglicéridos y regular la glucosa, según los resultados y los antecedentes de cada persona. Para Donostia-San Sebastián, la información tiene un interés general para la población adulta de la capital guipuzcoana, al tratarse de una noticia de ámbito provincial que apela a la prevención en la mediana edad.
Información elaborada a partir de Noticias de Gipuzkoa.