Una joven de Alhaurín el Grande convierte su afición al bordado de procesiones en oficio
Lucía García, bordadora de 21 años de Alhaurín el Grande, transformó su afición a los mantos de procesión en un oficio con taller propio.
Lucía García Serrano, de veintiún años, ha pasado de admirar los bordados de los mantos de las procesiones de Málaga a crear los suyos. A los trece años empezó a practicar en un bastidor, al principio sin éxito, hasta que, tras formarse en talleres de hermandades, ha logrado que aquella afición se convierta en su profesión. Su tienda de Alhaurín el Grande, abierta en agosto, reúne taller y tienda cofrade.
Según relata a Diario Sur, sus comienzos fueron de prueba y error: «Montaba un bastidor, ponía una pieza, me salía mal, la tiraba». Aunque su madre y su abuela eran costureras, ninguna se dedicaba al bordado, por lo que tuvo que aprender por su cuenta y con formación posterior. Ella misma lo resume así: «Lo quito y lo vuelvo a hacer. Y que esté bien».
El primer encargo formal fue un paño de altar para un particular, que después prestó a una hermandad local. Con el aumento de peticiones, trabajar desde casa se volvió complicado, lo que la llevó a abrir el establecimiento. Ahora compagina el bordado con la venta de artículos cofrades para complementar unos ingresos que dependen de una demanda irregular a lo largo del año.
El proceso de una pieza comienza por la tensión de la tela sobre el bastidor, sigue con las medidas y la elección de puntos, y exige una atención que no admite prisas. «Es una cosa muy artesanal, que no se aprende en un día, ni en una semana, ni en un mes», afirma la bordadora.
Lucía García sueña con trabajar para la Esperanza de Málaga, una de las imágenes cuyos bordados despertaron su vocación, aunque por ahora se centra en hacerse un hueco en su localidad y en recibir encargos de otras ciudades. «Me siento orgullosa de haber podido aprender este oficio y de poder dedicarme a ello».
Información elaborada a partir de Diario Sur.